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The Arts Collection

Akademia Cartonera: Un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina (2009)

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La Cartonera (México)

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En mayo de 2007, en Lima, Perú, en el taller de Sarita Cartonera, se hizo una pregunta: “¿Por qué no hacen una cartonera en Cuernavaca?”. Eran las editoras Milagros Saldarriaga y Tania Silva quienes nos señalaron sutilmente la estrella polar, esa estrella que es un camino para la revelación de otros mundos. Así se plantó la semilla, nos entusiasmó la idea de crear libros cartoneros, y nos dimos a la tarea de conocer aquellas formas hermanas de los países del Sur. Indagamos cómo trabajaban, cuáles eran sus intuiciones, sus actores, sus caminos, su dialéctica y todo lo demás. Fueron los libros de Sarita, sin embargo, nuestros primeros contactos con el mundo de la edición cartonera. Asombros que nos cautivaron.

Con la naturalidad de un nacimiento, nueve meses después de aquella invitación, en febrero de 2008 llegó a este mundo La Cartonera, sin seguro de vida, sin beca, sin mecenas, sin otro ímpetu que el de concentrarse en la misteriosa experiencia de nacer.

La Cartonera nació en una ciudad donde hace mucho los cartoneros dejaron de ser legión que recorría las calles. Todavía hay uno que otro haciéndolo, pero son excepcionales. Eso nos vuelve distintos a experiencias como la de Eloísa en Buenos Aires, donde el cartón es un modo de vida para miles de habitantes porteños. La nuestra es una cartonera sin cartoneros, pero con un ánimo de recorrer las calles y los buzones electrónicos, los parques y los cafés, las conversaciones cibernéticas y los aquelarres de cualquier lugar en este planeta, para ir reuniendo las historias de nuestro tiempo, mientras se nos ocurre alguna manera de hacer contacto con otras galaxias.

Nuestro primer libro fue El silencio de los sueños abandonados, un cancionero con disco compacto de Kristos, un músico que ha sido provocador de la creatividad y el ingenio en estas tierras y de nuestro viaje cartonero. Desde entonces y hasta febrero de 2009, en un año de vida hemos publicado otros seis libros: un cuento del escritor norteamericano Howard Fast, Cristo en Cuernavaca; la edición bilingüe del ensayo Saving Lowry's Eden, del artista inglés, radicado en Cuernavaca, John Spencer; las memorias del 68 mexicano escritas por Rocato, Marilyn Monroe, comunista. Entre el FBI y el 68; los poemarios Con Catulo de Rodilla, de Joseantonio Suárez; Respiración del laberinto, del infrarrealista Mario Santiago Papasquiaro; y Un derecho & un revés, de Bárbara Durán.

En el poco tiempo de nuestra vida cartonera ya hemos realizado varios proyectos de colaboración, convertidos todos ellos en ricas experiencias: con el Museo La Casona Spencer y la editorial La Rana del Sur publicamos el ensayo de John Spencer. El libro de Rocato apareció simultáneamente en Ediciones Clandestino; una experiencia que nos ha llevado más allá de nuestras fronteras es compartir la edición de Respiración del laberinto con Sarita, Eloísa, Animita, Yiyi Jambo, Felicita, Mandrágora, Yerba Mala y Dulcinéia Catadora. Este libro se publicó, entre diciembre de 2008 y marzo de 2009, en Perú, Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia y Brasil. En este viaje se unieron poetas y narradores igualmente latinoamericanos, que escribieron los distintos prólogos al libro de un autor que vivió la poesía como una experiencia definitiva.

En la invención de nuestra cartonera  ha estado presente un grupo de amigas y amigos que ya conocían los senderos navegables de la imaginación: componiendo música, escribiendo, pintando, tomando fotografías, editando revistas y libros. Decidimos llamarnos La Cartonera  como homenaje y a la vez deseo de compartir esa relación con personajes cotidianos, a quienes conocemos y saludamos con la familiaridad del barrio: la tortillera, el taquero, la tamalera, el carnicero, la costurera. La Cartonera representa esa forma de decir y sentir la cercanía de la vida diaria.

Desde el principio, las portadas de nuestros libros cartoneros han sido una expresión certera del impulso que nos alimenta. Cada una de ellas es un acto íntimo y a la vez único. La obra de pintores, dibujantes, fotógrafos y otros artistas gráficos es un gesto inequívoco de los caminos que recorre la inventiva, caminos que han servido para hacer de la creación artística una festiva ceremonia colectiva.

LA FIESTA COLECTIVA

Aunque no lo premeditamos, la cercanía con una gran cantidad de amigas y amigos dedicados al arte comenzó a darle a nuestro proyecto cartonero un sello particular. Las portadas de La Cartonera son creadas con la idea de que el libro se convierta, en todos sentidos, en una obra de arte al alcance de todos, museos ambulantes. Aquellos que se han hecho de estos objetos de arte se han llevado buena literatura y arte original. Cada una de las portadas es única, realizada a mano y con la huella particular del pintor, dibujante o fotógrafo que participa. Los libros cartoneros son estimulantes para todos los sentidos. Con las manos se tejen palabras, se hilvanan estas obras y se dibuja la vida.

El arte de pintar. El arte de escribir. El arte de fotografiar. El arte de coser y pegar un libro. El arte de leer. El arte de mirar.

La Cartonera ha sido una forma de re inventar la comunicación, de convertir las fiestas en ceremonias creativas nada solemnes. La colectividad que ha significado reunirnos y seguir la idea  del artista o “ideólogo” en turno, nos ha llevado a formas de comunicación capaces de renovar nuestro instinto creativo. Los cartoneros hemos aprendido que editar está en nuestras manos y, sobre todo, en el corazón que nos permite sentir que los libros son seres vivos. Los conocemos desde antes de que se conviertan en libros: nos ponemos de acuerdo para elegir lo que publicaremos, cómo se formará, cómo y de quiénes serán las portadas, cómo se encuadernará y dónde los presentaremos. Esas cercanías se vuelven nostalgia cuando pasan de nuestras manos a las manos del lector. Pero… para eso están hechos los libros, para poblar con sus letras y su arte nuevos espacios.

Por eso se puede decir que la lógica trastocada de la irreverencia reina en nuestro viaje cartonero, porque creemos en esa estrella polar que ha guiado el camino de aquellos que hicieron de la imposibilidad un gesto para alcanzar la nueva Galaxia Gutemberg.

AGRADECIMIENTOS

En este caminar de un año debemos mencionar a quienes ayudaron a gestar este sueño y que siguieron un camino diferente pero, esperamos, cercano al nuestro: Kristos y Alicia Reardon. Ojalá nos crucemos de nuevo en este viaje. A los artistas, consagrados e incipientes, que han hecho de nuestros libros una doble obra de arte: Armando Brito, Arián Vega, Bárbara Durán, Barbara Julieta, Beatriz Stellino, Belem Sánchez, Blanka Amezkua, Cisco Jiménez, Chela Cervantes, Dany Hurpin, Eduardo Lugo, Eurídice Aguirre, Graciela Echeverría, Israel Malacara, Ita Castañeda, J. Murillo, Javier de la Mora, Kenia Cano, Natalia Cabello, Nadja Zendejas, Olmo Uribe, Oscar Menéndez, Rebeca López, Remy Benavides, Rocato, Seco Uribe, Valeria López, Vanesa Quintanilla, Yuri Vega y alguno que otro anónimo.

A quienes, con su conocimiento de la formación y edición de libros, nos transmitieron nuevas herramientas para crear un estilo propio y atrevido: Joseantonio Suárez y Félix García.

A quienes han compartido con nosotros la posibilidad de coeditar o publicar simultáneamente: John Prigge, Felix García, Oscar Menéndez, Rocato y las cartoneras de América Latina.

A los autores o herederos de los derechos de autor: Bárbara Durán, Joseantonio Suárez, John Prigge (Museo La Casona Spencer), Kristos, Rebeca López y Rocato. Gracias a todos ellos por permitir la difusión de sus textos, desde La Cartonera,  a quienes se han unido con sus lecturas a este sueño hecho realidad.

A los autores de los prólogos: Rafael Catana, Raúl Silva, Kenia Cano, Javier Sicilia, Francisco Rebolledo, Pedro Damián y Joseantonio Suárez.

A los músicos que nos ha acompañado: Rafael Catana, Kristos, Leticia Servín, Gerardo Enciso e Iván Antillón.

A todos aquellos que se nos escapan, pero que han estado ahí en el camino: escribiendo, ilustrando, haciendo portadas, invitando panecillos de maíz, compartiendo el mezcal, preparando el café y la comida, enseñando a encuadernar, encuadernando, entrevistándonos, divulgando nuestro trabajo y leyendo, sin todos ellos La Cartonera no sería lo que es.

Hemos formado parte de La Cartonera, como “consejo cartonero”: Alicia Reardon, Dany Hurpin, Joseantonio Suárez, Nayeli Sánchez, Raúl Silva, Rocato y Valeria López. Todos diferentes, todos originarios de lugares distintos, habitantes en algún momento de espacios geográficos distantes, con habilidades y conocimientos diversos, con humores, colores y olores diferentes, pero unidos por la idea de esta La Cartonera: porque nos divertimos haciendo libros, porque aprendemos haciéndolos, y porque mientras se mantenga vivo lo lúdico y el aprendizaje, seguiremos.

MÁXIMAS CARTONERAS

Los caminos del arte son infinitos. Se cruzan y se entrecruzan. Se vuelven a inventar. Sin internet, en lo profundo de la caverna se planean viajes intergalácticos. Todo es posible si aún es posible imaginar.

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En estos tiempos demenciales, el mercado editorial es un eslabón más de una concepción del mundo basada en el consumo y el desecho. Vivimos dentro de una enorme maquinaria que no se detiene ni se detendrá. El vértigo de lo masivo y del éxito es una enfermedad que parece incurable. Por eso, nos estimula saber que, al margen de esos enormes monstruos editoriales, existen gestos que consisten en construir, con cartón, castillos en el aire.

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Crear un libro como quien frota piedras para encender la fogata.

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Del cartón nos importa su nobleza para darle calor a nuestras alucinaciones.

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Nuestros libros no duermen en bodegas, son museos ambulantes.

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El precio nunca será motivo para carecer de un libro cartonero.

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Hacemos libros que nos inventan.

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En nuestras manos habitan bibliotecas.

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Nuestros libros despiertan tras el sueño afanoso de la colmena.

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Nuestros libros son doble A: artísticos y artesanales.

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Son una obra de arte al alcance de casi todos.

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Los libros cartoneros son una constante oportunidad de aprendizaje.

Cuernavaca, Morelos, México. Marzo, 2009.
Dany, Nayeli, Raúl y Rocato.

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