University of Wisconsin Digital Collections
Link to University of Wisconsin Digital Collections
Link to University of Wisconsin Digital Collections
The Arts Collection

Akademia Cartonera: Un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina (2009)

Previous Previous section

Next section Next



 

Animita Cartonera (Chile)

Image

Animita Cartonera es una editorial con un fin social, cultural y artístico. Confeccionamos libros hechos de manera artesanal por jóvenes que liderean la producción del taller. Compramos cartón a recolectores independientes y lo reutilizamos como soporte (tapa) del libro que, posteriormente, es intervenido a mano. De esta manera, el libro se transforma en un objeto de arte único y exclusivo. La publicación de los textos (que forman parte de un consistente catálogo que posee importantes autores y obras) se logra mediante la autorización desinteresada del autor para publicar determinado número de ejemplares, los que son fotocopiados o impresos. Lo anterior permite abaratar costos y, así, poder vender los libros a bajo precio. Además, realizamos talleres artísticos en torno a la literatura, a distintos grupos etarios. Todo el trabajo, en su conjunto, va en pos de fomentar la lectura y el libro. Hacemos que lo que algún día sólo fue una vaga idea de un grupo de amigos, sea un real proyecto cultural y social.

El presente manifiesto quiere reunir las voces que conforman el proyecto, haciéndolas confluir y respetándolas a la vez en su individualidad. Es por eso que posee tres textos, escritos por cada uno de los coordinadores y gestores de Animita Cartonera: Ximena Ramos Wettling, Tanya Núñez Grandón y Mauricio Mena Iturriaga. Finalmente, existe un apartado con el testimonio de Carol, Nathaly y Alyson, las tres grandes mujeres que realizan los libros de cartón.

RESISTENCIA

“La última vez que lo vi, mi papá me habló de Kamchatka. Y esa vez entendí. Y cada vez que jugué, papá estaba conmigo. Y cuando el partido vino malo, me quedé con él. Y sobreviví. Porque Kamchatka es el lugar donde resistir.”

Harry, en la película argentina Kamchatka.

Las animitas son construcciones en forma de casa en miniatura instaladas a los costados de calles a lo largo y ancho de todo Chile y en el sitio exacto donde se produjo una muerte de forma violenta, injusta. Son refugios para el alma en pena, para quienes le lloran, llevan flores y prenden velitas hasta que la esperma que de ellas cae se confunde con las ya muchas espermas y pétalos de ya muchos años, como tratando de aliviar la pérdida, de ayudar al pobre infame. También connotan la esperanza de que, en algún momento, ese espíritu dejará de divagar y podrá irse a algún lugar que no sea, precisamente, ese mismo sitio; aunque quizás ese sitio es su mejor lugar.

Incluso a algunas se les piden favores, como dándoles características divinas; no son sólo esperanza “para” ellas, sino que la esperanza también se deposita “en” ellas. De la muerte nacen y son su burla. Aunque ha habido mociones para erradicarlas y erguir en su lugar más vías de autopista o edificaciones que necesitan tal espacio, la traba a esta expropiación es más fuerte. Y ellas siguen estando ahí, insolentes, inmunes a las suspicacias, al paso del tiempo, a la mismísima muerte. Son pura resistencia.

Animita Cartonera tiene, de cierta forma, mucho de esto, sobre todo porque tiene tatuada la resistencia: una que le saca la lengua con sus portaditas de cartón a las editoriales transnacionales con las que se codea en las mismas vitrinas de las librerías; al ser un alegato a los precios altos imponiendo precios bajos; al alzar la voz y oponerse a la lejanía con la cultura, la lectura y el arte; al abrir oportunidades y generar vínculos reales a los que, decimonónicamente, han estado relegados a un espacio mínimo de difusión cultural, escupidos por el oficialismo, por todas partes.

Pues el lugar exacto de las injusticias, ya no es para nosotros una calle específica, una vereda, una esquina perdida; sino que es, justamente, un país entero, un Chile que se yergue remoto ya desde su especialidad y de forma poco integradora a la hora de tratar y abordar la cultura, cortes que dividen y segregan. Por eso Animita Cartonera tiende a expandirse e integrar al querer llegar a comunidades marginadas, a sectores no valorizados, al desregionalizar proyectos- como el concurso literario o los talleres que se emplazan en diferentes partes- , haciendo cultura y trabajo social donde precisamente esas iniciativas no llegan. Tal como una animita: estar a lo largo y ancho de un territorio real y metafórico.

Fomentar la lectura, el acceso al libro, a la cultura y el arte es parte de nuestro leitmotiv. Uno que debe resistir a los vaivenes de un mercado que no suele dar cabida a proyectos que no se manejan por el lucro; resistir a ciertas puertas que se cierran, a no siempre poder concretar los planes tal como se desea, a las crisis monetarias e internas. Nadie dijo que era fácil. Pero es un leitmotiv que, a su vez, se apoya en las cartoneras hermanas que han sido grandes referentes de resistencia, en el equipo de trabajo que ante los problemas se une, en los cartoneros que pedalean por las calles para traernos el cartón, en los chicos que realizan cada uno de los ejemplares, en los autores que creen en el proyecto, en los libreros que aceptan la fijación de precios y nos promueven, en los alumnos de los talleres y en esos lectores que pocas veces han tomado un libro en su vida, pero que descubren la escritura a través de un soporte de cartón, intervenido a mano, quizás por algún vecino de su mismo barrio, quizás por ellos mismos. Ver sus ojos devorando la portada y las páginas, nos sigue dando fuerzas para continuar creando espacios y oportunidades, y decir “acá estamos, podemos hacerlo”. Y darnos cuenta de que este proyecto existe antes de que llegáramos a él; como si la necesidad, aunque escondida, ya estuviera.

Animita Cartonera, en poco más de dos años de existencia, es como una animita de las calles, es como un “Kamchatka” ubicado al fin del mundo. Y, con vida propia y cayéndose del mapa, efectúa un guiño para hacer de las suyas.

Y seguir luchando, resistir.

EDITORIALES CARTONERAS: ¿POR QUÉ WE ARE A LATIN AMERICAN FENÓMENO?

“It's a restless hungry feeling
That don't mean no one no good
When ev'rything I'm saying
You can say it just as good.
You're right from your side,
I'm right from mine,
We're both just one too many mornings
An' a thousand miles behind.”

Bob Dylan, “One Too Many Mornings.”

(Es una sensación frustrante / que no es buena para nadie, / cuando todo lo que estoy diciendo / lo puedes decir tan bien como yo. / Tú estás acertado desde tu punto de vista, / yo estoy acertado desde el mío. / Pero nos separan demasiadas mañanas  / y más de mil millas.)

América Latina vive un fenómeno llamativo: surgen editoriales cartoneras en sus países. Muchas veces he escuchado y leído que la gente piensa que una editorial cartonera es un fenómeno. Si lo anterior se mira desde el punto de vista de que hacemos libros de cartón; si esa apreciación se valida con el argumento de que el mecanismo de trabajo que tenemos (recolectores cartoneros, pagar más que el mercado por el kilo de cartón, dar empleo a jóvenes de escasos recursos, trabajar para sustentar la idea); y, por último, si esa afirmación se explicara debido a que es una propuesta que une reciclaje, literatura, arte y cultura a bajo precio; sí, es verdad, estaríamos frente a un fenómeno.

A pesar de que todos los argumentos mencionados avalan que las editoriales sean un fenómeno, se deja fuera lo que realmente las hace únicas: la identidad de cada cartonera. Aunque este tipo de editoriales que han surgido en América Latina poseen rasgos de identidad común irrebatibles, los países latinoamericanos también tienen características únicas e irrepetibles. Todo esto, justamente, ha impulsado no sólo el nacimiento de estas editoriales, sino también su permanencia en el tiempo.

En nuestro caso, Animita Cartonera es una editorial que replicamos sobre las bases que asentó su símil argentina. Ése fue nuestro punto de partida y desde ahí hemos forjado Animita, de acuerdo a nuestras visiones en torno a la literatura, la cultura, el desarrollo cultural y un discurso social y cultural consistente. Es decir, en Animita Cartonera trabajamos en torno a lo que creemos que es un aporte para la cultura de nuestro país, para el desarrollo de espacios sociales, donde la creatividad y el trabajo con la comunidad sean en beneficio para la misma comunidad.

Las bases de todas las cartoneras son las mismas y, así como nosotros creamos una cartonera chilena, otros crearon la suya, con sus propias ideas, necesidades e idiosincrasia. Nacimos de la misma fuente, tomando rumbos que se adecuan a las realidades sociales y culturales de cada país, pues así es Latinoamérica, un continuo contraste de identidades, que forman, en perfecta armonía, la identidad de nuestro continente. Muchos otros países podrían replicar esta idea bolivariana como dijo alguna vez Washington Cucurto. Muchos otros podrían tomar este proyecto y transformarlo en una fuente de cultura que fomente la lectura, la creación y la participación de la sociedad; que genere movimiento real y no sólo muestras en galerías, cafés literarios y bibliotecas. Pero hacerlo es una tarea ardua, que muchas veces se aleja de la idea de llevarlo a cabo.

Por lo anterior es que cito una estrofa de “One Too Many Mornings”, de Bob Dylan. Escuchar y leer que las cartoneras son un fenómeno, que es algo atípico, es gratificante, pero frustra ver que se dice en el sentido de que es algo que otros hacen. “Es una sensación frustrante / que no es buena para nadie, / cuando todo lo que estoy diciendo / lo puedes decir tan bien como yo.” Cuando lo que estamos haciendo, lo puedes hacer tan bien o mejor que nosotros; cuando los latinoamericanos comparten un modo de trabajo fuera de lo común, que es hacer cultura accesible económicamente y emprender con la gente que está apartada del quehacer cultural y social, de sus políticas; cuando esto se puede hacer tan bien en cualquier lugar. Ahí está el desarrollo y permanencia en el tiempo de un sueño: cuando países latinoamericanos se unen por una causa, sin políticas ni creencias.

Entre las cartoneras tenemos puntos de vista distintos, pues nos separan cordilleras, desiertos y kilómetros, que pueden formar la identidad de una sociedad. Incluso, como factor de la construcción de la identidad, podría explayarme respecto a otros puntos, pero lo medular es que, a pesar de todos los factores sociológicos, antropológicos y culturales, compartimos la identidad como pueblos americanos. Del mismo modo, compartimos entre las cartoneras una identidad, que es la de valorar nuestra comunidad y crear espacios para su interacción.

Quienes nos miran desde fuera nos ven como algo que debe replicarse, como una causa altruista, pero que otros hacen. Y creo que en este punto radica la diferencia entre la identidad de las cartoneras y la gente que nos mira: la experiencia, el tiempo, lo que nos mueve y cómo vemos nuestra sociedad, lo que nos favoreció para decidir formar y trabajar una editorial cartonera. No todos se atreven a buscar y trabajar por sus sueños.

En este libro vemos opiniones distintas, conclusiones diversas y diferentes formas de ver a una cartonera, pues como dice Dylan “Tú estás acertado desde tu punto de vista, / yo estoy acertado desde el mío. / Pero nos separan demasiadas mañanas  / y más de mil millas”. Pero ello no impide que podamos trabajar una idea común, de acuerdo a nuestras vivencias comunes, adaptadas a una identidad única: la cultura y su gente, pasando a ser algo universal.

EL ROL CARTONERO

Vivo Animita Cartonera como uno de los escasos espacios para la literatura en su más pura expresión, ajena al lucro morboso y la escasez de criterio de muchas de las editoriales del mercado. Me complace enormemente el profundo compromiso del equipo de trabajo en la producción del libro, desde la manufactura del objeto en sí, hasta la calidad de su contenido. Siempre he creído que uno de los pilares fundamentales para la construcción de un país es la educación, y he creído en la literatura como uno de los instrumentos para la instrucción de sus habitantes. Es inconcebible una nación educada donde el acceso a la cultura está determinado por el poder adquisitivo de sus ciudadanos; el impuesto al libro es la peor política que se puede ejercer en un país que desea prosperar. Es por ello que la idea de un libro de bajo costo, elaborado a partir del cartón que tantas veces “decora” las veredas de nuestras grandes avenidas, intervenido por jóvenes a los que, en un contexto real, pocas veces llegan los libros, simplemente me ilusiona. Cuando veo el trabajo terminado en el taller de nuestra editorial, vuelvo a pensar que no todo está perdido y que existen formas de acercar la literatura a un número mayor de personas.

Recuerdo mi primera experiencia cartonera. Por aquel entonces se me solicitó la realización de una investigación, cuyo resultado sería un libro en el formato de la editorial. El autor escogido era Alberto Rojas Jiménez, poeta e intelectual chileno de principios del siglo xx. Cuentan quienes lo conocieron que acostumbraba a intervenir la noche con sus poemas, dibujos, figurillas de papel y monólogos. Por él hablaba su arte, puesto que nunca fue partidario de aquellos artistas alejados de la realidad, parapetados detrás de los libros u ocultos en herméticas reuniones de intelectuales de salón. Una vez terminada la selección de sus textos, surgió la necesidad de darle un título a la obra. No fue difícil el reconocer que lo que caracterizaba a la obra de Rojas Jiménez era la desbordante vitalidad de su producción, por lo cual el título más indicado para la antología era Vida. Digo y traigo al papel todo esto, pues considero que algo similar es lo que ocurre con Animita Cartonera, tanto por sí misma, como por mi rol en ella. Me ha fascinado enormemente la vitalidad del trabajo en la editorial. En ella, todos quienes estamos comprometidos con el proyecto vivimos la producción del libro de forma profunda. El hecho de que todo libro sea un objeto único, dado que la portada es realizada a mano con un diseño distinto para cada uno de ellos, otorga a los ejemplares una identidad particular. Al mismo tiempo, la historia que hay detrás de los materiales utilizados, las horas en la calle de cada uno de los recolectores de cartón que nos abastecen, la vida privada de los jóvenes que diseñan las portadas hace de cada publicación una pequeña galaxia de relatos. Animita Cartonera es más que una editorial. Detrás de las paredes del taller se ha generado un trato familiar. La literatura se ha transformado en lo que siempre ha debido ser, un tejido de experiencias, pasiones e ideas.

Creo necesario también dedicarle algunas palabras al rol de los talleres de creación literaria que ofrecemos como editorial. Uno de los pilares fundamentales de Animita es su compromiso social, lo que la diferencia de sus pares. Como editorial, no buscamos solamente acercar la literatura a través de la realización del libro y el bajo precio de los ejemplares en librería, sino también compartir el mundo de la creación literaria con todos quienes lo deseen. Hoy en día, dada la forma utilitaria de vida que llevamos, solemos pasar por alto la profundidad de las cosas. Con esto me refiero a, por ejemplo, cuando hacemos uso del computador. Sentados frente a él en promedio cuatro horas al día, desconocemos por completo los procesos que hacen posible su funcionamiento. Esto mismo ocurre con la literatura. Solemos leer un libro ignorando por completo aquellos elementos técnicos y formales que hacen posible el mundo que sus páginas nos ofrecen. Cuando leo las estadísticas que nos hablan de la baja población lectora en nuestro país, pienso en lo poco que se nos incentiva la lectura en la educación básica y media. Muchos podrán decir que esto último no es así, puesto que en las planificaciones del Ministerio de Educación se ha insistido en un número considerable de bibliografía obligatoria. A todos cuantos así piensan, debo decir que cuando me refiero a la escasa motivación a la lectura no me refiero tan sólo al número de libros por año que un estudiante promedio lee, sino a cómo se le motiva. Cuando la literatura es enseñada con pasión, sin dejar de lado la belleza de su técnica y estructura, el gozo al momento de transitar las páginas de una obra aumenta de forma enorme. Esta suerte de capacitación es, según mi parecer, la respuesta para hacer que la lectura y, por extensión la escritura, retorne al lugar que le corresponde en el conocimiento humano. Si a este hecho estadístico sumamos el alto valor del libro en nuestro país, la posibilidad que ofrece nuestra editorial es única. Durante la instrucción de los asistentes a los talleres se les guía en la elaboración de sus propios libros en el formato cartonero. De esta manera, el trabajo que realiza Animita Cartonera se transforma en un aporte real para la sociedad, no tan solo en la producción del libro, sino también en lo que refiere a la creación artística y al rol integrador de la literatura en sí.

Es de esperar que el espíritu cartonero siga creciendo en América y el mundo entero. Tengo la firme esperanza de que la imitación de la experiencia cartonera en nuestro continente, más allá de nuestras fronteras, permitirá que la literatura baje finalmente, como decía el viejo Nicanor, del Olimpo. No dudo que, prontamente, un gran número de las casas de América poseerán un libro cartonero destacándose en las estanterías.

TESTIMONIOS

Son tres testimonios, de las tres chicas que trabajan en Animita Cartonera realizando cada una de las tapas de cartón: Carol Aránguis, Nathaly Sáez y Alyson Peña. Se han respetado sus registros del habla, con modismos y cadencia, para plasmar su discurso.


Carol Aránguiz

Yo llegué a Animita porque necesitaba trabajar. Ni siquiera sabía cómo se llamaba el proyecto cuando entré, a mí me dijeron que había que ir a pintar y yo dije “bacán, a pintar no más”, porque a mí me gusta pintar, me ayuda a expresar y a desahogarme. Y cuando llegué me di cuenta que igual era un proyecto, así, cultural, y me pareció más interesante.

Yo siento que vamos como cohete pa' arriba, que vamos súper bien, que es algo para todos, ¿cachái? No sólo para nosotros, que sabemos lo que es Animita, sino que hay gente que puede acercarse más a la lectura a través de este proyecto, porque se puede llegar más fácilmente a lectores con riesgo social, por ejemplo como en mi población, porque yo vivo en una población, y allá igual uno no tiene tanto acceso a los libros, entonces por lo mismo uno no tiene acceso a la lectura, a conocer más allá de lo que es lo común para nosotros. Yo misma he leído hartos libros de acá, no todos, eso sí. Tengo el de Monólogos en fuga, que es el único que tengo en mi casa y se lo he prestado a todo el mundo para que lo lea, y les hablo de Animita y a harta gente le interesa.

Ahora yo ya tengo otro trabajo más, y aquí me han dado la posibilidad de adecuarse a mis horarios. Vengo independiente de la plata, porque a mí me gusta, me siento bien aquí. Yo quiero seguir pintando y haciendo libros, hacer lo que me gusta. Acá he aprendido hartas cosas que no sabía, como hacer un libro. Y de eso yo no tenía idea.


Nathaly Sáez

A mí nunca me gustó la pintura. Aquí fue donde aprendí a hacer cosas diferentes que antes no hacía, no es una pega esforzada y me ha servido para no estar en el encierro, porque no me gusta estar en mi casa; entonces esto me ayuda harto, me despeja la mente. Ahora digo que me dedico a pintar, porque ahora sí me gusta pintar, y aunque me cuesta buscar dibujos y cosas nuevas, trato de hacerlo y que me queden bien.

Yo no tenía vínculo con la literatura antes de llegar acá. Ahora trato de leer aquí mismo los libros, me gusta, ¿cachái? No sé, igual he cambiado hartas cosas a como era yo antes, y quiero seguir aquí y aprender más.

He comentado harto a la gente que tengo cerca, y antes me preguntaban “¿qué es lo que hací?” y yo les decía que trabajaba en una librería, yo no cachaba esto, “¿pero qué hací?”, me volvían a preguntar, y yo les decía “hago libros con cartones, tapas con cartones”. He mostrado el trabajo para que me entiendan y les gusta, me han dicho que es novedoso porque allá en mi población esto no se ve. Y yo creo que con algo así ellos engancharían.


Alyson Peña

Lo que sabía yo de Animita es que era una editorial que trabajaba con libros de cartón y que eran accesibles, que estaban en algunas librerías; pero no sabía cómo se manejaban y las personas que estaban a cargo. Yo pensé que era un proyecto exclusivo porque la vi en una revista, y no, me di cuenta que hasta el ambiente es diferente a lo que me imaginaba: tengo compañeras de trabajo que viven cerca mío, hay un ambiente súper cercano, súper independiente, cada uno está concentrado en lo que tiene que hacer, cada uno es autónomo en su trabajo.

Que sean libros de cartón ya es cercano a las personas a las que les deberían llegar los libros, las personas que no tienen el acceso a comprar libros tradicionales. Tienen un contenido interesante y al tener precios accesibles, es bueno, sobre todo porque la literatura educa. Yo pienso que Animita Cartonera está bien encaminada, y me gustaría un día promocionar también los libros. En mi población uno ve necesidades, y Animita puede cubrirlas o ayudar a cubrirlas. Aquí hay pura creatividad, perseverancia y sobre todo pasión, porque hay gente muy apasionada en este proyecto.

Image

Image

Previous Previous section

Next section Next




Go up to Top of Page