University of Wisconsin Digital Collections
Link to University of Wisconsin Digital Collections
Link to University of Wisconsin Digital Collections
The Arts Collection

Akademia Cartonera: Un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina (2009)

Previous Previous section

Next section Next



 

Sarita Cartonera (Perú)

Image

Yo soy Sarita Cartonera, la santa de a pie, la ilusión más allá de la desilusión, las ganas de hacer algo cuando todos dicen “ya no hay nada que hacer”, la música a todo volumen, la combi asesina, el policía coimeando en la esquina.
Nada de lo que me digan me va a alejar de la calle, sé encontrar la esperanza en las calles, entre los borrachos y las putas, sin irme más allá buscando el cielo o sintiéndome fuera de todo esto para hacer curiosos juegos de palabras con el Perú con p de patria, e del ejemplo, r de rifle y la u de la unión. No, yo camino a pie, yo veo todo lo grandioso y lo terrible en cada uno de nosotros, yo bendigo la mierda, beso al asesino, oigo al obsceno, duermo entre latas y basura pero conservo en mi corazón algo innombrado y no lo voy a nombrar, éste es mi motor, mi fuerza, mi fe más allá de mi propia fe; que los otros, los que saben más, se dediquen a vernos los defectos, a descubrirnos los errores, a cazar fantasmas en sus propias cabezas. No somos todo lo que nos dicen que somos, no les creamos, la vida está aquí, ni más allá del cielo ni cerca de sus absurdas teorías sino aquí, en ti, en mí, nosotros somos la vida, la vida transcurriendo y por eso mismo  llena de posibilidades, como una oración recitada entre todos, en lo más profundo de nuestros corazones, para devolverle dignidad a todo lo que somos y a todo lo que nos rodea.

Partimos siendo conscientes de la antítesis de nuestro contexto: Perú, país que ocupa los últimos lugares de comprensión lectora en América Latina, población analfabeta considerable, total desdén oficial por las culturas y lenguas nativas. Por otro lado, un pasado luminoso que aún perdura vivo  y no sólo eso, sino una de las más importantes tradiciones poéticas de nuestro idioma a partir del siglo xx.

Cuando surge Sarita, Lima vivía una inercia cultural fuerte. Un poco porque es una ciudad con circuitos culturales poco activos: casi no hay bibliotecas; había, en 2004, menos de veinte  librerías formales en todo Lima (que tiene casi nueve millones de habitantes); había menos de diez galerías de arte formales en la ciudad; los colectivos contraculturales eran o inexistentes o prácticamente invisibles; y otro poco porque el gobierno fujimorista funcionó como un knock out para la sociedad: además de destruirse toda clase de organización social (sindicatos, gremios, colectivos, etc.), se agudizó la desconfianza en el otro, la falta de seguridad y sentido de la solidaridad que venía desde los años de la guerra interna entre Sendero Luminoso y el Estado. La mayoría de estructuras sociales se habían desarmado en el país y recién comenzaba, de modos aislados, el proceso de recomposición. Pero hacia el año 2004 comenzaron a brotar un puñado de editoriales, todas con más o menos las mismas intenciones: dinamizar el circuito literario local.

Sarita Cartonera, desde su creación, se encomendó a Sarita Colonia (patrona de los migrantes, choferes de combi, taxistas, peluqueros, caseras del mercado, malandros, y otros tantos marginados), la santa peruana que aún no tiene un lugar en el panteón oficial. Sarita Cartonera emprendió  la labor de hacer libros que difundan la producción cultural de nuestro continente. Se intenta recuperar el cartón desechado que abunda en la ciudad para convertirlo en libros hechos a mano por jóvenes de barrios populares, para que éstos puedan ser adquiridos a bajo precio. Los libros son únicos, en tanto cada uno es cortado, pintado y encuadernado de manera original, personal e irrepetible.

Sarita, al ser un proyecto editorial, es ante todo, inevitablemente,  productora y/o difusora de discursos. Lo que hay detrás y lo que vemos a través de estos discursos es a la vez, oportunidad de mezclarlos y de homogeneizarlos o viceversa, a partir de un interés, de un gusto, que inevitablemente es disperso y personal. Porque finalmente el hombre aún puede apostar por voces que entiendan como él las posibilidades que reaparecen con aquel examen de su cuerpo, el cuerpo hecho de signos.

El mérito de los proyectos culturales está en su capacidad de dar identidad a un producto cultural, de los artificios que generen para subsistir, de su estrecha afinidad  con los creadores, pero, sobre todo, de su capacidad de reinventarse. Ser partícipe del nacimiento de un proyecto, verlo crecer y ponerlo en la escena social, es descubrir que en este proceso es posible enfrentarse a las mismas problemáticas que las de los creadores,  simplemente con otras herramientas.

Sarita Cartonera busca poner en circulación la literatura latinoamericana sin mayores prejuicios. Siendo un proyecto comunitario, ha construido una red en la que interactúan voluntariamente escritores, editores, artistas plásticos y jóvenes de sectores populares con un fin común: editar libros atractivos, económicos y de alto nivel literario.

El uso del material, de alguna forma, implica invertir el rol cíclico que cumple el cartón: de ser utilizado, generalmente, para proteger y envolver alimentos o licores, vuelve nuevamente al libro cargado de otra valoración semántica, de un alimento, sí, pero de uno nuevo, tal vez más duradero e intenso: igual que nuestro devenir al mismo territorio del hombre convertido en otra materia posiblemente, pero siempre parte del mismo cosmos.

Desde el principio intentamos establecer un vínculo entre lo público y lo privado, y tuvimos la función social de la cultura como prioridad, tanto desde la producción de los libros, como en lo referente a su accesibilidad.

Se propone romper el hielo, anticipar el fuego y el juego con el público; se busca acercar y acercarse al lector, evitando la solemnidad a la cual nos han acostumbrado; por eso, un libro cartonero, en cualquier lugar, puede ser un buen cómplice. Desde este punto de vista, quisiéramos que la lectura vuelva a ser, para todos, un acto cotidiano.

Así como un texto  en una revista se lee de manera distinta dependiendo del espíritu de ésta, de los textos que lo acompañen y del contexto en general, Sarita Cartonera, aparte de fomentar la publicación de voces nuevas e interesantes, también busca cambiar de contexto títulos que ya forman parte de la tradición, pero que posiblemente en nuestro formato adquieran más frescura, más libertad o, simplemente, una nueva forma de recepción.

El otro gran eje de Sarita es el educativo, el formativo. El Perú no tiene una gran tradición lectora, en consecuencia, los libros son percibidos, en general, como un objeto de lujo e inútil. Por lo tanto, no bastaba con poner buenos libros a disposición de gente que no tenía acceso a ellos; había que, además, generar el interés por la lectura. Así nació Libros, un modelo para armar (LUMPA), proyecto que nació del esfuerzo conjunto de Sarita y del Museo de Arte del Centro Cultural de la Universidad de San Marcos.

LUMPA tiene una premisa simple: si los escolares se transformaran en autores (escritores y artistas plásticos), se convertirían también en lectores, y si lo hacen, pueden convertirse también en buenos lectores. Bajo esa premisa creamos una metodología que privilegia el placer y la libertad de leer, de la interpretación transgresora, ilimitada, y de varias cosas así de disparatadas, que sin embargo, tuvieron éxito en colegios de Lima y Pucallpa, y que ahora está siendo usada por la Universidad de Harvard en colegios públicos de Boston.

Como el trabajo, salvo en el caso de los cartoneros, es voluntario, llegó mucha gente a colaborar, principalmente artistas plásticos. Así, en el 2006, nació el proyecto Libros fascinantes, cuyo objetivo es potenciar las posibilidades plásticas de Sarita Cartonera a partir de las diferentes propuestas artísticas que un libro cartonero puede suscitar. Para ello, recurrimos a artistas plásticos de distintas vertientes y formaciones, a quienes les pedimos simbolizar su vínculo con la literatura a través de la creación de un librito personal y elocuente que represente el intercambio fluido entre las artes y las formas de narrar a través del color y la palabra.

Se entregó a cada artista un texto literario publicado por Sarita que sirvió de base para su propuesta plástica. Además del uso del cartón, no había ninguna pauta establecida, los creadores podían recurrir a la técnica que ellos eligieran: burilado, pintado, rasgado, collage, costura, grafiti, calado, etc. El resultado: un objeto único, de gran valor artístico que integra dos lenguajes creativos: la palabra escrita y la propuesta plástica. Artistas plásticos de distintas vertientes: maestros de arte popular, pintores de formación académica, escultores, grafiteros, fotógrafos, artistas amazónicos, andinos y urbanos. Todos ellos reunidos en torno al libro y su potencial creativo.

Nos interesan las culturas locales contemporáneas[1] , nos interesa la complejidad, las consecuencias múltiples de cada propuesta, sea uno consciente o no. Es imposible recorrer todos los caminos que una propuesta (cualquiera) propone. No nos interesa tanto recorrerlos como proponerlos. Por eso nos parece pertinente cambiar de fondo musical a ese encuentro con el libro: música popular y masiva, música de la periferia, estridencia y violencia, emoción, identidad y desarraigo.

Tampoco estamos de acuerdo con el canon. Siempre se ha dejado de lado lo que no encaja en él. Por ello nos proponemos omnívoros y plurales. Los géneros y las disciplinas, por ejemplo, sólo incentivan limitaciones.

Nos proponemos dar movilidad no solo a la poesía o narrativa, sino también a los hechos culturales populares, pues en la actualidad resulta de mal gusto diferenciar entre altas y bajas culturas puesto que no existen, sin dejar por ello de ser al mismo tiempo expresión y movilidad de estos hechos culturales.

Estamos en contra de lo establecido: nos interesa atravesarlo. Estar a la vez adentro y afuera. Buscamos siempre sorprender, tanto en formatos como en contenidos, buscamos rebasar nuestros propios límites, porque creemos en la necesidad de evidenciar siempre los límites de una propuesta, para transgredirlos. Hemos tenido que repensarnos. No tenemos respuestas claras pero hay algunas rutas o principios sobre los cuales se ha basado y se basa nuestra propuesta (o nuestras propuestas).

Creemos en la integración social. Vivimos en un país racista, clasista y sectario, en el que conviven claramente la premodernidad, la modernidad y la posmodernidad. Y afirmamos que es responsabilidad de todos los que creemos en el arte y en la sociedad, en la comunidad humana, hacer lo necesario por acortar las distancias y los prejuicios. Sarita y los demás proyectos de Chusca van en esa dirección.

Nos sentimos más cómodos en las fronteras no definidas, las de enriquecimientos mutuos.

Consideramos que todo hombre puede ser sensible al buen arte; consideramos incluso que el hombre es un artista y el arte responsable es cualquier manifestación (se reconozca “oficialmente” como arte o no) que sea un generador de cambios hacia la creación de un mundo mejor, más solidario y equitativo.

No creemos en dogmatismos. Eso nos permite cambiar de rumbo cuando nos da la gana y sin culpa. Sentimos que somos un grupo de gente haciendo cosas que nos gustan y sirviendo, a partir de nuestras propuestas, para que otra gente escriba, pinte, se anime a difundir su trabajo, y otros entren a trabajar al medio cultural, ganen más dinero que antes, y otros más, descubran libros nuevos, distintos, buenos, descubran nuevas posibilidades creativas, y las disfruten.

Así como Vallejo y Huidobro que pedían, en caso de discrepancia con la actitud de sus revistas, la más absoluta hostilidad2, creemos también en la renovación constante y que dure lo que deba de durar, sin atenuantes.

Image

Image


Notes

[1] De hecho, el nombre de nuestra asociación es Chusca. Cultural Local Contemporánea. 'Chusco' en el Perú quiere decir mezclado pero sin pedigrí, popular, y a la vez, falto de clase, callejero, vulgar, bajo, grotesco. Es un término usualmente despectivo. Nos interesa recuperar todos los sentidos del término (que usamos en femenino, además, para acentuar la exclusión) y reivindicarlos, sin emplear discursos reivindicativos: asumir el nombre es ya un grito de guerra, una forma de reivindicación. Sí, Sarita es chusca. Todos somos chuscas aquí.

Previous Previous section

Next section Next




Go up to Top of Page