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Ibero-American Electronic Text Series

Alonso, Manuel A. / El Jíbaro (1949)

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ESCENA XIX

REFLEXIONES SOBRE EL ACTA DE LA JUNTA PÚBLICA CELEBRADAPOR LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAR DE PUERTO RICO112 EN ELDÍA 21 DE DICIEMBRE DE 1845

Fue grande el gozo que experimentamos al leer el cuaderno del acta PÚBLICA de laSociedad Económica, y grande a la par la admiración que sentimos al considerar losinmensos beneficios que hace al par una corporación que no cuenta con más recursos quesu patriotismo, ni con más caudales que la buena administración de sus escasos fondos;nosotros, hijos de Puerto Rico y ansiosos de la prosperidad de nuestra patria, sentimos unnoble orgullo en pertenecer a un cuerpo que se desvela por ella, y que está destinado aelevarla al grado de esplendor que dan las ciencias, las artes y la industria, cuando seintroducen en un par, se protegen y se estimulan.

Son tantos los acuerdos de la Sociedad que tratan de mejoras útiles, que fuera muylargo el hacer mención de todos ellos; baste decir que no hay ramo de que no se hayaocupado, y que las reformas planteadas parecen fabulosas, si se comparan con los mediosde que puede disponer. Dejaremos, aunque con disgusto, infinidad de medidas a cual másimportante, para ocuparnos de la obra magna, de la empresa que hará inmortales a losque, fiados en sus nobles sentimientos y en la paternal y generosa protección   [p. 124]   de laautoridad superior de la Isla, han tenido tal pensamiento: esta obra es el Colegio Central.113

Poco más de un año hacía que en la anterior junta publica se habla hecho una ligeraindicación sobre el particular, cuando el Sr. Director, en su discurso pronunciado en la quese celebró el 21 de diciembre de 1845, manifestaba ya haber reunido una cantidadrespetable, producto de una suscripción abierta en los pueblos de la Isla y encabezada porla misma autoridad superior: la comisión nombrada por el Gobierno para dirigir esteasunto ha salido del seno de la Sociedad, y hasta el plano del edificio es obra de uno de susindividuos.

Pero no es esto todo lo que ha hecho tan ilustre corporación; conociendo la necesidadde tener buenos profesores, ha mandado a Europa a su costa dos jóvenes del paíssobresalientes, y de conducta irreprochable, para que, en unión de otros dos, no menosrecomendables y cuyos gastos corren a cargo de un señor socio de merito, estudien lasciencias naturales y métodos de enseñanza para escuelas normal e industrial y salas depárvulos.114

Es necesario conocer el estado de la Isla para poder apreciar la importancia delestablecimiento que nos ocupa: hay en ella elementos de riqueza y medios de hacer sufelicidad que están por explotar; y al ocuparse principalmente la Sociedad de la enseñanzade las ciencias naturales, que debe plantearse en el Colegio Central, da una prueba de lainteligencia y buenos deseos que la animan.

La química, la mineralogía, la agricultura y la botánica son indispensables en un paísque encierra en su seno infinidad de minerales, y cuya fertilidad es tan prodigiosa, que suscosechas y la cría del ganado constituyen toda su riqueza, a pesar del   [p. 125]   atraso en que espreciso confesar que nos hallamos. ¿Quién es capaz de calcular la diferencia que habrá enel cultivo de las tierras, cuando el estudio de las ciencias naturales pueda aplicarse a lalabranza y a la elaboración de sus productos? ¡Cuántos ramos de industria, desconocidosahora, vendrán a enriquecer a los que se dediquen al estudio de dichas ciencias!

Cuando el comercio se enseñe por principios, ¡cuántas empresas se disputarán elprivilegio de abrir canales y caminos; cuántos propietarios emplearan en aquel grandescaudales, que ahora invierten en otros países! ¡cuántas obras útiles, y aún necesarias, seemprenderán, que están olvidadas por la falta de medios de comunicación! Sonincalculables los beneficios que reportará el país si llega a establecerse el Colegio Central:la unidad en el método de enseñanza impedirá que ignorantes disfrazados con traje demaestros engañen a los padres de familia entorpeciendo a los jóvenes, y las salas depárvulos y la escuela industrial darán a las clases pobres toda la instrucción que puedanapetecer.

Este cambio prodigioso se efectuará dentro de poco, si el gobierno, como es de esperar,sigue protegiendo y alentando a los Amigos del País en su noble empresa; y si los pueblosde la Isla corresponden, como hasta aquí, con tanto desinterés a las esperanzas de esoshombres dignos de la obra que han emprendido y de la gratitud de todos lospuertorriqueños.

Mucho podríamos extendernos sobre los estudios preliminares para las facultadesmayores, mucho sobre las carreras científicas, y mucho más aún sobre el plan que debeseguirse; pero nos creemos dispensados de hacerlo, porque la Junta encargada de llevar acabo el pensamiento del Colegio Central se compone de personas cuya ilustración es bienconocida, y cuyo voto es para nosotros muy respetable y de más valor que el nuestromismo; además, ¿qué pudiéramos decir cuando hall escrito sobre el particular el Dr. D.Rufo Manuel Fernández y el Sr. Conde de Carpegna? Sólo suscribiremos con el mayorplacer a cuanto determinen, para dar un público, aunque muy pequeño, testimonio degratitud a la Junta, a la Sociedad Económica y a la autoridad que, conociendo los interesesdel país, protege esa tendencia a la civilización que en el se desarrolla con una rapidez quenos entusiasma.

  [p. 126]  

Acabemos de una vez los hijos de Puerto Rico de venir con estudios incompletos y malordenados a las Universidades del Reino, donde hasta ahora se nos ha admitido a fuerza desúplicas, porque nuestros estudios no estaban en armonía con los de estas; y no nosavergüenza el decirlo, porque ni era culpa nuestra, ni del gobierno de la Isla. Lacivilización es obra del tiempo, y en vano nos hubiéramos esforzado antes de llegar a laépoca conveniente. Mas ha llegado ya esa época feliz, ha sonado para nosotros la horadichosa en que debemos despertar, y, sacudiendo las alas del ingenio, elevarnos hastaescribir en el cielo los nombres de nuestros bienhechores. No teman estos los inconvenientesque hallaran antes de ver colmados sus deseos; cuando más colosales sean, tanto mayorseré su obra, y por el tamaño de las obras se mide la grandeza de las almas.

Reciban por ahora está débil muestra de veneración que les tributamos; y cuandollegue un día en que la ancianidad enfríe el ardor de sus nobles corazones, nosotrosprocuraremos imitarles, y diremos a nuestros hijos: « Honrad y bendecid a esos hombrescuyo cuerpo no puede soportar el peso de los años, pero que en otro tiempo labraron ysostuvieron el edificio de la felicidad y gloria de Puerto Rico».

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