Hostos, Eugenio María de / Meditando (1909)
BREVE NOTICIA
En prenda de gratitud, y como testimonio de rendida veneración a la memoria de DON EUGENIO MARÍA DE HOSTOS, damos a luz varios artículos publicados por el en diferentes revistas, cuando la surte le brindaba con raros instantes de solaz y esparcimiento. El volumen que los encierra es el primero de la colección de escritores sur-americanos que, por sentimientos también de gratitud a la tierra en donde por primera vez se hablo en América la lengua de Castilla, hemos denominado BIBLIOTECA QUISQUEYANA.
Conocidos son la tenacidad y el entusiasmo con que lucho durante toda la vida aquel hombre meritísimo en por de los dos ideales mas hermosos del genero humano: el de la libertad, que ennoblece y sublima hasta los mas bajos instintos, y el de la educación que ensena a servirse de ese precioso don para bien de nuestros semejantes y perfeccionamiento del propio ser. Tampoco son ignoradas las ejemplares virtudes domesticas y patrióticas del fecundo publicista, ni desconocidos sus numerosos y variados estudios científicos y literarios que atestiguan con superabundancia el amor al trabajo y el culto ferviente a la verdad de que no dejo de dar prueba un solo día.
Nada mas frecuente desde hace algunos anos que las compilaciones de artículos llamados de critica; pero nada mas raro, tampoco, que los juicios hijos de madura reflexión y de verdadero análisis científico en dichas colecciones. Desnudas [p. vi] de originalidad, no obstante los pomposos nombres con que las engalanan sus autores, carecen de atractivo para el lector y por eso es tan precaria como infecunda su existencia. Fruto, por el contrario, de profunda meditación, los escritos de Hostos revisten tendencias docentes de elevado carácter y nobles propósitos, brindan al lector con ideas nuevas desarrolladas con sencillez y claridad, y no ofrecen aquel tono dogmático, regañón o irónico que malamente han dado en la flor de tomar algunos por indicio de capacidad científica.
Si la inteligencia del ilustre hijo de Puerto Rico merece considerarse, ora por las circunstancias y el medio en que se dio a conocer, ora por las dificultades que rodearon su adolescencia y su juventud, como raro don de la naturaleza; nos es grato afirmar que no menos privilegiado fue su corazón, pues si le ornaban la mente variados y profundos conocimientos, estimulaban su actividad generosa y gobernaban su voluntad los mas puros y nobles afectos. No se circunscribieron las labores que le ocuparon toda la vida al suelo patrio y a las islas hermanas, sino que abrazando cuanto era americano, con igual ahínco daba a conocer los escritores de la República Argentina, de Chile, de Colombia o de cualquier otra nación suramericana como los propios literatos antillanos. Grande era su corazón para contenerlos a todos, y para no limitarse a defender únicamente con la palabra las causas por que luchaba. Con enérgica y perseverante acción sustento las doctrinas de la educación y de la libertad; por ellas afronto las persecuciones y vivió y murió en honrosa pobreza.
Antes de que en Europa se hablase de abrir a la mujer las carreras científicas de la medicina y la jurisprudencia, el señor Hostos había persuadido al gobierno chileno la importancia [p. vii] de esa medida, y las primeras señoritas que tomaron la borla de esas facultades le tributaron públicamente su reconocimiento. Fue también el primero en proclamar la importancia, en la República Argentina, de la construcción del Ferrocarril Trasandino, y así lo conmemoro agradecida la empresa dando el nombre de nuestro pensador a la primera locomotora que recorrió la celebre vía. En la República Dominicana redacto los principales proyectos de ley sobre enseñanza y dirigió durante nueve anos la educación publica con éxito felicísimo; y para decirlo todo de una vez, por donde quiera que paso rego la fecunda semilla del bien y abogo por la causa del oprimido sin parar mientes en su origen ni creencias. Baste como ejemplo la campana que durante permanencia en el Perú emprendió en favor de los chinos contra los desapiadados logreros que los esquilmaban, y la manera como protegió los intereses de aquella República en el conocido asunto del Ferrocarril de la Oroya que no podemos dejar de referir.
Conociendo cuan poco podían las dadivas para hacer vacilar la honradez de Hostos, recurrió a poner asechanzas al ardoroso entusiasmo con que batallaba por la libertad de Cuba un artero contratista, ofreciendole contribuir a ella con un millón de pesetas si le prestaba con su pluma el apoyo de que había menester para dar remate a sus negociaciones. A la sola luz de la conveniencia publica examinaba y discutía Hostos en La Patria las propuestas presentadas, de suerte que al llegar a la del astuto e insidioso negociante demostró sin vacilación ni flaqueza cuan desfavorable era en realidad a los intereses nacionales por mas halagüeña que a primera vista pareciese.
La convicción que le animaba de que el hombre ha de ser un apóstol, en todas las circunstancias y estados de la vida, [p. viii] su incontrastable fe en la obra de la educación, y el sentido culto que profesaba a la mujer, le inspiraron conceptos dignos de los paladines feudales, que con placer vera el lector esparcidos por todas sus obras, y muy particularmente en el estudio profundo que hizo del Hamlet.
«De toda culpa de mujer (dice) es responsable un hombre, por injusto, por inepto o por liviano. De las culpas de mujeres como Gertrudis, es siempre autor un Claudio, por egoísta, por concupiscente o por malvado. La mujer vive del hombre como la luna del sol; y así como este da luz al astro que le esta subordinado, así el hombre refleja su virtud y su vicio en la mujer. Educada por el es obra suya: obra buena si el autor es bueno; obra mala, si malo.»
Por grandes que fuesen la afición de Hostos a las Bellas Artes y su encariñamiento con los literatos americanos, nunca dejo de hacer presente, sin embargo, la necesidad de poner a raya esa pasión y la urgencia de restringir el campo de los estudios meramente literarios en los países en donde no brilla aun la aurora de la libertad, y allí donde no se han resuelto todavía los principales problemas de la vida nacional.
«Tenemos (dice su estudio sobre la poesía de Guillermo Matta) sobre la influencia de la poesía y de la literatura en la imaginación y el carácter de los latino americanos, una opinión que importa resumir en dos palabras. Opinamos que un pueblo de tanta imaginación como el nuestro, y sociedades de carácter tan inseguro todavía como las muestras en toda la América latina, pierden de razón lo que ganan en fantasía, y disipan de sustancia o fondo lo que invierten en forma, con la casi exclusiva educación poética y literaria que reciben».
«Tales cuales son hasta hoy, ni la poesía ni la literatura [p. ix] son educadoras. El gusto literario y la delicadeza sensitiva que desarrollan, buenos y convenientes en si mismos como son cuando sirven de complemento a una concienzuda educación de la razón, sirven de obstáculos cuando la antecede y la subyuga o la sucede bruscamente el culto de las formas.»
D. Eugenio María de Hostos vio la luz de esta vida instable el día 11 de enero de 1839, y la de la vida inmortal y perenne el día 11 de agosto de 1903.
Sobre la humilde loza que cubre sus cenizas debería grabarse esta inscripción:
ISTITIAM. DILEXIT. VERITATEM. COLUIT.
LOS EDITORES.
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