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Ibero-American Electronic Text Series

Alonso, Manuel A. / El Jíbaro (1949)

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ESCENA VII

LA GALLERA

Puede pasar un pueblo de la isla de Puerto Rico sin espectáculos públicos de toda clase, ysi fuera preciso sin alcalde, regidor ni nadie que gobernase en él; -pero jamás pasaría sin unranchón grande, cubierto de teja yagua o paja, en cuyo centro hay un círculo de ocho o diez pasos de diámetro formado de tablas, con una gradería alrededor, hecha de lo mismo: cuando se trata de fundar una nueva población no es extraño ver que aparece este edificio mucho antesque la iglesia, yen no pocos parajes en que el número de casas de campo es crecido, estando aalguna distancia de los pueblos, se ve también que le hay, si bien falta una ermita o capilla.Esta entidad que preside en todas partes, esta avanzada de la creación de nuevas sociedadesen sitios hasta entonces inhabitados, este lugar al parecer de un culto idólatra, es la Gallera.Examinaremos en esta escena su objeto e influencia moral, y de aquí la necesidad de hablarprimero de los gallos, los galleros y los jugadores, como actores principales, y después de laspeleas, desafíos, etc...

El gallo, animal célebre desde la más remota antigüedad, ídolo de algunas religiones, y decuyo canto se valió nuestro Redentor para recordar a uno de sus discípulos su pecado, enninguna parte es tan querido como en las Antillas; hay una clase sobre todo llamada galloinglés, que es el compañero inseparable del jíbaro.

Antes de salir del cascarón, ya se ha cuidado de legitimar su origen, poniendo a la madreen la imposibilidad de ser infiel: un platanal, un bosque u otro sitio apartado, es el teatro delos dichosos amores del sultán, que después de haber muerto en el combate a su terribleadversario, viene cubierto de honrosas cicatrices a reinar en medio de sus favoritas. De allí estrasladada la clueca,   [p. 48]   y su nido se coloca en la casa en el sitio más a propósito, cuidásela conmucho esmero, y el día en que sale rodeada de sus polluelos es un día de gozo para la familia.Empiezan entonces las discusiories sobre el sexo, color y demás cualidades; los amigos yconocidos averiguan los grados de parentesco que tienen los recién nacidos con los gallos demás nombre de todos los pueblos cercanos, recorriendo las líneas colaterales, con más afán queun hidalgo pobre que desea acercarse a un título de Castilla.

Hechas de este modo las debidas averiguaciones, conserva el dueño en su mente laejecutoria, y los pollos van creciendo hasta dejar la madre; entonces es el momento desepararlos dejando las hembras en casa y poniendo los machos en otro sitio, lo cual no es detan poca importancia como pudiera parecer: los jíbaros saben muy bien que un terreno -enque los animalitos puedan escarbar, fortalece mucho sus patas y su pico; así como el criarseen el bosque les hace vigorosos en el vuelo; circunstancias no despreciables, puesto que de ellasdepende más adelante la probabilidad de la victoria.

Es también de notar el cuidado que tiene todo criador inteligente en impedir que se mezclecon los pollos, cuando son ya crecidos, alguna gallina; porque reñirían hasta matarse; y si poruna casualidad no sucediera así, perderían mucha pujanza, siendo más débiles en el combate;cada día les muda la comida y el agua, cuando no la hay en el criadero, y se asegura muy amenudo del estado de la salud de los futuros gladiadores.

Estos cuidados duran año y medio o dos, hasta que entran en la escuela práctica, bajo ladirección del gallero; éste es un hombre blanco, negro, o mulato, gordo o flaco, alto o pequeño,por lo regular de alguna edad, que es capaz, por su mucho conocimiento en la materia y porsu acrisolada paciencia, de instruir a un gallo, sacando todo el partido posible de lasdisposiciones que presenta, desconocidas a los profanos en el arte; mas que para él son elobjeto de un estudio continuo. Debe además ser vir probus en toda la extensión de la palabra,pues a su rectitud se fían grandes sumas, como veremos después.

  [p. 49]  

Hacerse cargo de la completa filiación62 de su pupilo es la primera diligencia del gallero, queen dos minutos sabe si aquel es rubio, giro, pinto, cenizo, canaguey, gallina, ala de mosca,jabao, blanco, o negro; si es pava, roson o guineo; si es pati-negro, pati-amarillo o pati-blanco,si es cinqueno, bajo o alto de espuelas; si tiene la canilla larga o corta, si eslargo o ancho de cuerpo, si aletea con fuerza, si tiene la pluma madura, etc., no olvidandose nunca de oírlo cantar, para conocerlo después por la madrugada; y es tal la habilidad de aquellos hombres, que entre centenares de gallos que cuidan y acondicionan, conocen a cada uno por el canto, sin que se engañen jamás.

Desde este día, hasta aquel en que está en disposición de jugarse, pasa el gallo por una seriede pruebas y ejercicios continuos, sujeto siempre a un régimen severo, todo lo cual reunidoforma lo que se llama darle condición; o, lo que es lo mismo, ponerle en disposición de reñircon las mayores ventajas posibles de su parte. Córtale el gallero la cresta y las barbas, le pelacon unas tijeras el pescuezo y la parte posterior del cuerpo, le recorta la cola a unos cuatrotraveses de dedo de la rabadilla, y lo mismo hace con la punta de las plumas del ala; le poneuna cabulla63 por sobre la espuela para que no pueda soltarse, ni le oprima la pata; teniendocuidado de mudarla de una a otra, y le coloca en el lugar que debe ocupar en una casa grande,alquilada expresamente, y que toda está llena de gallos atados, de modo que no puedanalcanzarse, a un clavo fijo en las tablas del piso, o encerrados en jaulas grandes de madera, consu división para cada uno.

Al salir el sol los sacan al corral o frente de la casa, atando a cada uno en su estaca clavadaen tierra, para que puedan escarbar; antes de esto los rosían64 con buches de agua yaguardiente,   [p. 50]   y los tienen allí basta las diez o las once de la mañana. Por la tarde vuelven asacarlos, y al ponerse el sol les dan el maíz y el agua graduados según su peso y el resultado dela última prueba.

Estas pruebas son las botas y los coleos; las primeras consisten en echar a reñir dos gallos de igual peso con las espuelas embotadas o envueltas en trapo o papel de estraza, de suerte queno puedan dañarse el gallero observa atentamente a cada uno, si pelea alto o bajo si pica a la cabeza, al pescuezo, al buche, a la cabeza del ala o debajo de ella, si es de carrera, si juega la cabeza, si pelea de afuera o apechuga, si engrilla65 o voltea66, etc.; y según lo que nota, coge a uno de ellos en la mano y le maneja delante del otro con tal habilidad, que, siguiendo éste susmovimientos, se acostumbra a pelear, corrigiendo sus defectos. Esto es lo que se llama coleo.Si el gallo se cansa en estos ensayos por exceso de gordura, se le rebaja la ración diaria, si estádébil, se le aumenta; habiendo tal variedad, que unos pelean mejor cuando están gordos, yotros estando flacos; de lo cual resulta su división en gallos a la vista, y gallos de saco.

El gallo que pelea bien teniendo muchas carnes, bajo de patas, ancho de cuerpo, y quepuesto de pie no eleva mucho la cabeza, debe jugarse a la vista; esto es, comparándole aldescubierto con su adversario: cuando el que pelea bien con pocas carnes es alto de patas,largo de cuerpo y tiene la cabeza alta, debe jugarse al saco; esto es, equilibrándole en unabalanza con su competidor dentro de dos sacos que pesen lo mismo.

Cuando está acondicionado, lo cual se conoce por las botas y coleos y por el hermoso colorrojo de su cuello y de la parte posterior del cuerpo, se lleva a la gallera para jugarlo con máso menos dinero, según las cualidades que ha manifestado: y aquí es muy interesante el papeldel gallero, que durante la riña, se llama coleador: casa la pelea conforme a las reglasestablecidas, salvo algunas ligeras modificaciones como el enseñar la cabeza del gallo, paraconocer por la cicatriz de la cresta si los dos son de una edad, el medir las espuelas, el dar enel peso alguna media onza de ventaja, etc., y hecho esto,   [p. 51]  

Los agusan, los rustan
Y si ey día es abansao
Les dan tres o cuatro granos
De maís medio mascao.

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Recortan además las alas, según la estatura del contrario y el pelear de su gallo, entrandoufanos en la valla o talanquera68: retírase la gente que hay en ella, y puestos en el centro losacercan, teniéndolos en las manos hasta que se pican, y separándolos después los sueltan;dejando a cada uno sobre una de las dos tayas paralelas hechas en tierra con algunos palmosde intermedio. Empieza entonces la riña, durante la cual los coleadores estan fuera: latalanquera, o ñangotaos junto a ella.

No hay palabras para pintar la fiereza de aquellos animales: principio no llegan a picarse,sino que se hieren al vuelo: a estos primeros golpes es a los que llaman tiros bolaos; pero notardan en comenzar, y cada picotazo va seguido de una puñalada, que contrario evita condestreza, o recibe con heroico valor; sus cuerpos se cubren de sangre y polvo, pierden la vista,y apenas pueden tenerse; llegando muchas veces a quedar después de algunas horas rendidosde fatiga, sin que ninguno de los dos haya vencido: a esto se llama entablar la pelea: otrashuye uno, muere queda fuera de combate, siendo el otro vencedor.

Hay gallos que tienen golpes favoritos; tales como picar a la cabeza del ala, clavando laespuela debajo de ella, dar en el yunque, que así llaman a la nuca, etc. La carrera es tambiénun grandísimo recurso; los hay que corren alrededor de la valla delante del contrario, que sino tiene también esta cualidad se cansa persiguiéndolos, entonces es vencido fácilmente;llegando algunos a tanto, que, si mocen desventaja por su parte, se detienen sin correr, hastaque otro vuelve a seguir riñendo.

El ojo de lince del coleador sigue todos los movimientos desu gallo, mientras que los espectadores de las gradas publican en alta voz la cantidad quequieren apostar a su favor, y le animan con las exclamaciones más originales:   [p. 52]  

Pica gayo, engriya jiro,
Mueide al ala renegao,
Juy qué punalón de baca, etc.

69 que se repiten a cada nuevo encuentro.

Cuando los combatientes dejan por un momento de lidiar se da un careo, los cogen loscoleadores, los limpian chupando la sangre de todo el pescuezo, examinan sus miembros; y conestos cuidados le vuelven a veces la vista y los reaniman para volver a la reyerta. Un númerodeterminado de careos sin que ninguno de los combatientes embista al otro entabla la pelea.

Con lo dicho se tendrá una idea del objeto de la gallera; pero no sería muy completa, sinañadir algo que venga a confirmar lo establecido al comenzar este artículo: bastará decir, quemuy raro es el jíbaro que no cría gallos de buena casta, que muchos pasan todo el domingo enla gallera, y que algunos vuelven a su casa por la noche, sin llevar la carne que habían ido acomprar al pueblo para toda la semana siguiente, porque les tentó algún pati-marillo ocoli-blanco; mas ¿a qué detenemos en otras cosas, cuando una simple relación de un desafío basta y sobra a nuestro propósito?

Los desafíos, que no son más que la reunión en un pueblo de los gallos más famosos demuchos de los circunvecinos, se anuncian con grande anticipación, y se verifican en díasseñalados. Algunos antes empiezan a llegar los campeones, conducidos con grandísimocuidado: un hombre lleva una vara al hombro, y de ella penden cuatro, seis u ocho gallos, ensu saco cada uno; así son trasladados hasta a ocho y diez leguas de distancia. Llega por fin eldía deseado: toda la población se inunda de gente, una gran parte de la cual no tiene otroobjeto que ver jugar un gallo conocido, y para esto ha hecho a pie muchas horas de camino.En la pelea se sigue las mismas reglas que en los casos ordinarios, con la única diferencia quese atraviesan mayores cantidades, y que el concurso es mucho más numeroso.

Hemos llegado al punto en que el lector aguarda que le diga mi modo de pensar acerca dela gallera: yo reconozco la oportunidad de su deseo; pero no puedo complacerle cual quisiera,porque es cuestión más difícil de resolver de lo que al pronto parece. En efecto; ¿qué puedecontestarse a la pregunta de si el juego   [p. 53]   de gallos es útil o no? Diremos, que como causa de lacomunicación de unos pueblos con otros, como medio de que circule el dinero, y como meropasatiempo en los días festivos, no hay duda que lo es; más como ocupación, como camino quepuede conducir a otros vicios, y como ocasión de perder el dinero destinado al sustento de unafamilia, es altamente perjudicial. El tiempo resolverá el problema, y yo me atrevo a esperarque cuando haya otras diversiones públicas y a medida que adelantemos, se irá perdiendo estacostumbre hasta desaparecer completamente.

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