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Ibero-American Electronic Text Series

Alonso, Manuel A. / El Jíbaro (1949)

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ESCENA V

BAILES DE PUERTO RICO

Antes de llegar al objeto principal de este artículo diré cuatro palabras sobre el origen ehistoria del baile, tomadas de dos publicaciones recientes, de Madrid la una, y la otra deBarcelona.

El baile es tan antiguo como el hombre; puesto que en si no es otra cosa que un modo deexpresar sensaciones por medio de variadas actitudes y movimientos: éste es el baile en suorigen, que, generalizándose después, llegó hasta formar parte del culto religioso; conociendosecon el nombre de danza sagrada la que en sus ceremonias usaban los judíos, egipcios, griegosy romanos; continuó siempre en los regocijos públicos y de familia, de suerte que, por lasuntuosidad de ellos era fácil conocer el poderío y grandeza de una nación, y la opulencia delos particulares.

Los atenienses introdujeron el baile en el teatro, apenas nacido éste; siendo en el primeroalegórico, después histórico, y últimamente tan variado como la tragedia y la comedia. Envarias naciones, sobre todo entre los romanos, llegó a un grado tal de perfección que parecefabuloso, no desdeñándose de bailar las personas más graves y de más talento. A Sócratesgustaba mucho bailar un baile llamado el Menfílico; Platón fue agriamente censurado porquerehusó tomar parte en uno que daba Dionisio de Siracusa, y Aristipo fue muy aplaudidoporque, hallandose presente, dejó su manto y danzó muy bien delante del Rey. Catón el censortomo un maestro a la edad de cincuenta y nueve años para repasar los bailes que habíaaprendido cuando joven.

La invasión de los bárbaros destruyó el baile junto con las artes y las ciencias, quereducidas a la nada hasta pasados algunos siglos, renacieron otra vez, y con ellas el baile, parairse elevando   [p. 34]   hasta el punto en que se halla hoy en los teatros de las primeras capitales delmundo civilizado.

Los bailes nacionales españoles se deben, según el parecer de Jovellanos, a los sarracenos,y de algunos de ellos toman origen una parte de los de Puerto Rico, como veremos másadelante.

Todos los pueblos tienen bailes acomodados a su gusto, clima, civilización y costumbres;distínguense los de los negros de África por sus evoluciones guerreras, por su laboriosidad, opor sus movimientos de dejadez y abandono; los de los chinos por sus grupos difíciles, deequilibrio y vistosos, y los de los salvajes de América por la voluptuosidad, y por su variadaexpresión, que era tal, según los viajeros e historiadores, que cualquiera podía conocerfácilmente por ella la pasión que la danza quería expresar.

Conquistada y poblada gran parte del Nuevo Mundo por los españoles, era forzoso queadquiriese sus costumbres, con ellas muchos de sus bailes nacionales; guardando estos todasu pureza, o adulterándose según el sitio en que habían de ser aclimatados.

En Puerto Rico hay dos clases de bailes: unos de sociedad, que no son otra cosa que el ecorepetido allí de los de Europa; y otros, llamados de garabato, que son propios del país, aunquedimanan a mi entender de los nacionales españoles mezclados con los de los primitivoshabitantes; conócense además algunos de los de África, introducidos por los negros de aquellasregiones, pero que nunca se han generalizado, llamándoseles bailes de bomba, por elinstrumento que sirve en ellos de música.

Entre los bailes de sociedad son los más usados la contradanza y el vals; la primera es lacontradanza conservada mucho mejor que en España; sus figuras tienen la misma variedadque en su origen tuvo dicho baile, y sus pasos adquieren mayor encanto con la gracia de lashijas del trópico: es imposible seguir con la vista los movimientos de una de aquellas morenitasde mirar lánguido, cintura delgada y pie pequeño, sin que el corazón se dilate queriendo salirdel pecho. La contradanza americana es el baile más expresivo que pueda imaginarse, es unverdadero poema de fuego y de imágenes seductoras, es en una palabra, la historia de un amorafortunado. Empieza la danza... La bella es solicitada por un amante, que, cualesquiera quesean los obstáculos, halla siempre el medio de encontrarse con el objeto de su cariño; lasdiferentes figuras representan muy al vivo los inconvenientes de parte de unos y la protecciónde otros: en el principio, apenas   [p. 35]   se acercan, vuelven a separarse, cada vez se detienen algo más;las manos del joven toman las de su querida, toca sus brazos, su cintura, y por fin, unidosestrechamente, se entregan al placer en medio de todos sus compañeros, que celebran con igualregocijo la unión de dos seres que se adoran. ¡Oh, hijas de mi patria!, nadie os iguala en elbaile, nadie derrama como vosotras ese raudal de fuego puro como vuestras frentes, ni esavoluptuosidad encantadora que sólo nace en nuestro clima.

La música, que no contribuye poco a la ilusión, es un conjunto de ecos, tan prontomelancólicos, planideros y sentimentales, como alegres, agudos y estrepitosos; es creación delpaís, y a veces eligen los compositores temas de una canción popular, sirviendo no pocas depretexto algún suceso más o menos ruidoso para la composición de una danza que despuéslleva su nombre. He oído a profesores bastante acreditados de Europa, que no les gustabadicha música; uno de ellos toco al piano delante de mi una contradanza muy bonita, y no pudemenos que pensar que tal como el la tocaba era imposible que gustase; ejecutóla después unaseñorita de Cuba que no poseía más que medianamente aquel instrumento; y apenas lahubimos oído, cuando díjome el profesor: ¿Sabe usted por qué he escuchado con placer a esaseñorita? Figúrese usted un extranjero que posea perfectamente el castellano, y que estandoen Madrid por ejemplo, le diesen a leer una de esas composiciones chistosísimas escritas enlenguaje andaluz por Rubí u otro de nuestros buenos poetas; seguro estoy de que le gustarlamuy poco el cambio, supresión y adición de letras, la novedad de palabras, y otras cosas queen ella encontrarla; pues bien, el mismo extranjero, si le llevasen por la noche al teatro y vieserepresentada por buenos actores la misma pieza, se desternillarla de risa y aplaudiría comoun loco; a mi me ha sucedido otro tanto, era preciso que oyera una contradanza tocada poruno de las Antillas para poder apreciar ese género de composición.

--¿Y ahora la tocaría usted?

--Si lo intentase, por más reglas que yo sepa, y por más ejecución que tenga, me hallaríaen el caso del extranjero que he citado antes, si pretendiera al otro día imitar la ejecución dela pieza andaluza.

El vals, igual al de todas partes, es en Puerto Rico el compañero inseparable de lacontradanza, y se mira como su consecuencia necesaria; la joven que promete una contradanzasabe que tiene que bailar el vals con el mismo sujeto.

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El rigodón es también muy general; frío, pausado y aristocrático, conserva las mismascualidades bajo el sol de las Antillas que bajo los hielos del polo.

Todos los demás bailes que recorren la Europa con alguna aceptación, llegan también ala Isla y duran poco o mucho según el gusto con que son recibidos; así hemos visto en unoscuantos años la galop, la mazurka, el britano, el cotillón, la polka, etc.

Los bailes de sociedad son en Puerto Rico casi iguales, en cuanto a las reglas que en ellosse observan, a los que yo he visto en España, aparte algunas modificaciones que no bastan adarles un carácter particular. Hay entre ellas las que he dicho de tenerse el vals como unapéndice de la contradanza, la cual ejerce sobre él el derecho de señalar las parejas. Esto tengopara mí que debió en otro tiempo ser una prueba que mutuamente se daban los danzantes delplacer que habían tenido en la contradanza, que después a fuerza de repetirse ha venido a seruna ley sancionada por el uso, y como otras muchas leyes, no deja de causar algunossinsabores: y si no, figúrese el lector una joven hermosa y bien educada, a quien se le descuelgacon la pretensión de bailar con ella un coreógrafo bisoño, sin pelo en el labio superior, que sepone como una grana al dirigirle la palabra, y que al contacto de su mano, y al observar lasagitadas palpitaciones de su seno, siente que le zumban los oídos, y no puede seguir el compás;preciso es que la niña no le desaire, porque la ley de urbanidad es en este punto inflexible; yharía una ofensa que nunca perdona el que esta en la edad de las sensaciones nuevas ydesconocidas. Suena la música, y empieza entre los dos un movimiento igual al de dos manosde pilón que dan alternativamente en el grano, subiendo la una cuando baja la otra yviceversa; de este modo, tropiezo aquí, pisada allá, apretón acullá, y fastidio en todas partes,llegan al final, y cuando la señorita empieza a reponerse de tanto percance, oyénse de nuevolos instrumentos, y es preciso volver al martirio.

No digo nada si es un joven al que le toca por compañera una prima de su adoradotormento, amiga de su hermanita, o recomendada por su mamá o la señora de la casa, y queyo pudiera pintar muy bien; pero no quiero, porque tengo en mucho el aprecio del bello sexosin excluir aquella parte de el a quien no cuadra el adjetivo, no me detengo más en esto, yvamos a otra cosa.

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La colocación es también en lo que más se repara: ninguno permite que otro se le pongaprimero en la contradanza, después de haber ocupado su lugar, sin que medien razones muypoderosas, lo cual me parece muy en el orden, y es un modo de expresar que entre personasdistinguidas deben ser iguales y recíprocas las atenciones. Uno solo empieza a bailar, que esel primero, y a medida que desciende hasta el otro extremo de la sala, le siguen por ordenriguroso los que vienen después de él; al revés de lo que he visto en otras partes, donde, conmotivo de empezar todos a la vez, ningún lugar es preferente; más resulta una confusión quedura tanto como dura la música. Entre la variedad de figuras que se usan, nadie puede variartampoco la que puso el que empezó, y sólo puede hacerlo el mismo cuando vuelve a llegar a sulugar primitivo.

He aquí lo único en que varían en aquella Isla los bailes de sociedad o de la clase másacomodada; en cuanto a lo demás Dada tienen que envidiar a los mejores que se dan (no siendoen una corte en cualquier otro lugar, pues reúnen las condiciones de cortesanía y elegancia enlos concurrentes, y riqueza y buen gusto en los adornos de trajes y edificios: son notables losque dan las corporaciones, siempre que hay un motivo digno de las grandes sumas queinvierten en ellos, y muchas veces hasta los particulares rivalizan en ofrecer con todo lujo estadiversión, que es la primera en el país.

Los bailes de garabato son, como he dicho, varios, y traen su origen de los nacionalesespañoles y de los indígenas, de cuya mezcla ha resultado un conjunto que revela claramenteel gusto de unos y otros: así en las cadenas y en el fandanguillo cualquiera reconoce unadegeneración de las seguidillas y del fandango; al paso que en el sonduro también se ve algodel zapateado, junto con mucho de aquel furioso vértigo que parecía transformar en otros alos que pasaban días enteros sentados sobre sus tobillos.

Además del fandanguillo, cadenas y sonduro o matatoros hay el seis y el caballo, quecompletan el repertorio de los bailes de garabato. El primero es el fandango español, aunqueen obsequio de la verdad tengo que confesar, que así como la contradanza ha ganado mucho,éste ha perdido y no poco; los pasos son ejecutados con mucha menos soltura y gracia, los piesde los bailarines no se deslizan sobre el suelo con la suavidad que fuera de desear, sus cuerposconservan una rigidez, que sobre parecer afectada se   [p. 38]   aviene muy mal con el aire y tono de lamúsica y los brazos, que tanta gracia añaden a cualesquiera posición del cuerpo, son enalgunos molestosísimos apéndices que no saben donde colocar; en una palabra, el fandanguilloes una planta mal aclimatada.

Las cadenas, derivado de las seguidillas, pero no un engendro contrahecho y raquítico, sinoun renuevo vigoroso y lozano, que yo comparo a una hermosa mestiza, son el baile másanimado y vistoso de cuantos pertenecen a esta clase; toman parte en el uno o varios gruposde a cuatro parejas, las cuales hacen un numero convenido de figuras hermosísimas, yejecutadas con tal precisión y soltura que nadie conocería allí a los envarados y fríos danzantesdel fandanguillo; crúzanse velozmente en variadas y opuestas direcciones, enlázanse formandogrupos siempre agradables, y mudan en. un instante infinitas veces de lugar, viniendo siempreal mismo de donde partieron. Nada hay que pueda pintar el alegre regocijo de los campesinoscomo las cadenas, La música es muy animada a la par que sencilla, el canto con que laacompañan sumamente expresivo, y su letra, no puede hacerse de ella mejor elogio que el decirque son seguidillas, muchas de las cuales he oído en España; y que los jíbaros sin saberlo,cantan a veces versos de Iglesias, y de otros no menos célebres ingenios.

El sonduro es una especie de zapateado pero con tales arranques de entusiasmo, que nosolo baila la pareja única que ésta, en el centro de la sala, sino que hace mover a cuantos hayen ella; cruje la tablazón del piso; y aquel estrepitoso repique de pies descalzos con un dedode suela natural, o bien calzados con suelas llenas de clavos, se hace oír en el silencio de lanoche más lejos que los instrumentos, que por cierto no alborotan poco. Todo este ruido lohacen un par de pies, son los del varón, pues que la hembra no tiene en el ninguna parte; vanserelevando a medida que se cansan, y así no es extraño oír por mucho tiempo un rumor queparece imposible que lo cause un solo hombre.

El seis, aunque en rigor deben bailarle seis parejas yo he visto muchas más: colócanse lasmujeres frente a los hombres en hilera, se cruzan varias veces, zapatean un poco en ciertoscompases marcados por la música, y terminan valsando, lo mismo que en la contradanza.Después de las cadenas, el seis es de los bailes de garabato el que más gusta, porque no esatronador como el sonduro, ni frío como el fandanguillo y el caballo.

En éste se colocan dos parejas de modo que estando la mujer   [p. 39]   frente a su compañero, tengaa la izquierda al de la otra que está delante de él: toda la dificultad está en unos pasos muysencillos y poco variados, y en cruzarse y cambiar de pareja sin tocarse nunca las manos; paraun extraño es baile que tiene poca gracia.

Los instrumentos músicos son también dignos de que se hable de ellos: forman unaorquesta completa una bordonúa, un tiple, un cuatro, un carracho y una maraca. La bordonúaes una guitarra de grandes dimensiones, hecha toscamente, y a veces sin más herramienta queun cuchillo o una daga; la madera es de varias calidades, excepto en su tapa que siempre es deyagruno, una de las más blancas y ligeras que se conocen. El tiple es en un todo igual a ésta, sino en su tamaño, que es mucho menor. El cuatro es un término medio entre los dos, y se distingueporque remata en dos ángulos su mitad cercana al brazo, a diferencia de la otra que esredonda como en la bordonúa. El carracho, güiro o calabazo, es una calabaza larga, bienmadura y seca, con surcos transversales algo profundos, sobre los cuales se hace pasar con máso menos fuerza un palillo de madera muy fuerte; para que el sonido sea más intenso, tiene unaabertura en la parte opuesta a la de los surcos, y se toca sosteniéndole con la mano izquierday manejando con la derecha el palillo de que he hablado. La maraca es una jigüera atravesada con un palo, y que contiene en su interior una porción de granos duros y pequeños; agitándolacon la mano derecha, con la cual se tiene por el palo que la atraviesa y sirve de mango, produceun sonido con que acompañan al de los demás instrumentos.

Los bailes de garabato tienen sus reglas, que se observan con todo rigor, y que nadie quetoma parte en ellos está dispensado de guardar estrictamente. Aunque, como he dicho, sonpropios de la gente de la clase inferior y del campo, algunas veces he visto bailar en ellos apersonas muy distinguidas. Una pisada, un empujón, los celos de un enamorado, la sonrisa deun espectador; y otras cosas semejantes dan lugar no pocas veces a que se concluyan acuchilladas; al paso que todos cuando no hay alguno de estos motivos se complacen yobsequian mutuamente con la mayor franqueza, teniendo siempre la preferencia los forasterossobre los del lugar en que se da el baile; en una palabra, aquellas buenas gentes guardan todaslas atenciones y finura compatibles con su clase, sus hábitos y educación.

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Tales son los bailes de garabato; los de los negros de África y los de los criollos de Curazaono merecen incluirse bajo el título de esta escena; pues aunque se y en Puerto Rico, nunca sehan generalizado: con todo hago mención de ellos porque siendo muchos aumentan la grandevariedad de danzas que un extranjero puede ver en solo una Isla, y hasta sin moverse de unapoblación.

Inútil sería entretenerme en probar que esta variedad depende de la posición geográficaque acumula allí individuos de tantas naciones, cada una de las cuales introduce usos que searraigan más o menos, según el influjo que ellas tienen en el país, y así concluyó manifestandoque, fuera de los bailes públicos y de grande espectáculo de los teatros europeos, que no puedehaberlos porque el teatro está cerrado la mayor parte del año, y porque en la Isla no creo quehaya quien quiera arruinarse contratando compañías que hacen quebrar a los mejoresempresarios, en cuanto a bailes nada tenemos que envidiar a ningún pueblo del mundo.

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