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Ibero-American Electronic Text Series

Juana Inés de la Cruz, Sister, 1651-1695 / Obras completas : Teatro (1957)

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[Work]

  [p. 427]  

382
LOA EN LAS HUERTAS
DONDE FUE A DIVERTIRSE LA
EXCMA. SRA. CONDESA DE PAREDES,
MARQUESA DE LA LAGUNA

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

CÉFIRO
VERTUMNO
FLORA
POMONA
UNA NINFA
MÚSICA

ESCENA I

MÚSICA HOY LA Reina de las luces,
trasladada a las florestas,
trueca por sitial de flores,
el solio de las Estrellas;
y al contacto de sus huellas,
las flores, que van saliendo,
a las demás van diciendo:
¡Salid apriesa, apriesa,
flores, y besaréis sus plantas bellas!
(Sale CÉFIRO.)
CÉFIRO Sin duda esta aclamación
es de la sin par belleza
de Flora, de estos jardines
florida, fecunda Reina;
pues ¿a quién, sino al contacto
  [p. 428]   de su hermosa planta tierna,
pudieron decir las flores:
MÚSICA ¡Salid apriesa,
flores, y besaréis sus plantas bellas!...?
(Sale VERTUMNO.)
VERTUMNO Sin duda que, de las flores
en la república amena,
son aquestas dulces voces
alguna aclamación nueva
que dedican a Pomona
las flores; pues ¿quién pudiera,
sino sola su beldad,
merecer el que dijeran,
aclamando su hermosura:
MÚSICA ¡Salid apriesa,
flores, y besaréis sus plantas bellas!...?
VERTUMNO Pues si las flores la aclaman,
razón es que mi fineza
ayude a su aclamación.
CÉFIRO Si las flores lisonjean
su beldad, bien es que yo
también la aplauda.
VERTUMNO Pues sean
mis voces las que la llamen.
  [p. 429]  
CÉFIRO Pues con las cláusulas tiernas
de mí amor, quiero llamarla
porque asista,
VERTUMNO porque venga,
CÉFIRO donde aclamen su deidad,
VERTUMNO donde aplaudan su belleza.
CÉFIRO ¡Oh tú, Reina de los prados,
VERTUMNO ¡oh, tú Diosa de las selvas,
CÉFIRO Cultura de los jardines,
VERTUMNO Aliento de las florestas,
CÉFIRO Espíritu de las rosas,
VERTUMNO Vida de las azucenas!
CÉFIRO ¡Fragante Deidad de tanta
copia de flores diversas!
  [p. 430]  
VERTUMNO ¡Fecunda Deidad de tanto
vulgo de plantas y hierbas;
CÉFIRO ¡Hermosa fecunda Flora,
VERTUMNO ¡Florida Pomona bella!
CÉFIRO ¡Vén, vén, oye mi voz para que vean
que eres tú, de las flores, sólo Reina!
VERTUMNO ¡Vén a mi acento, vén, para que sepan
que eres tú a quien las flores reverencian!

ESCENA II

(Salen FLORA y POMONA, por los dos lados.)
FLORA A tu voz armoniosa,
deudora mi belleza,
estima la fineza;
pues confiesa, gustosa,
que yo sólo del prado soy la Diosa.
POMONA A tu amante cuidado
confiesa mi hermosura,
que el culto le asegura,
confesando, postrado,
que sólo mi poder preside al prado.
CÉFIRO A tu Beldad, confiesa
deber el ser la rosa;
  [p. 431]   pues la más perezosa,
viendo lo que interesa,
por besarte las plantas sale apriesa.
VERTUMNO Verdadera Pomona:
por verte, la azucena,
ya en la ribera amena
el blanco cuello entona,
porque tu pie le sirve de corona.

ESCENA III

POMONA A tu aplauso agradecida...
(Mas ¿no es Flora la que veo?)
FLORA Persuadida de tu voz...
(Pero ¿no es Pomona, Cielos,
la que miro?
CÉFIRO Suspendida,
divina Flora, te advierto.
VERTUMNO Suspensa, Pomona hermosa,
tu rara beldad contemplo.
¿Qué te suspendes? ¿Qué tienes?
FLORA ¿Qué preguntas, que suspenso
se quede el dolor al ver,
Céfiro, que cuando vengo
(de tu aclamación llamada
y aplaudida de tu acento)
a que fuesen mis piedades
premio de tus rendimientos,
  [p. 432]   encuentro con mi enemiga
Pomona?
POMONA Si cuando llego,
Vertumno, de ti llamada,
con mi opuesta Flora encuentro,
¿qué te admira que la ira,
encendido Mongibelo,
me reviente por los ojos,
por no caber en el pecho?
CÉFIRO En lo que toca a Pomona,
divina Flora, no puedo
ofrecerme a tu venganza;
que siendo de Damas duelo,
es desaire del valor
reñirlo; y si desatento
riñe, aunque quede vengado,
no puede quedar bien puesto.
Mas lo que por tu beldad
hará mi rendido afecto,
será vengar en Vertumno
lo que en Pomona no puedo.
VERTUMNO Pomona bella: aunque yo
la ofensa de Flora siento,
no soy capaz de vengarla;
que fuera capricho necio,
al duelo de las beldades
introducir los aceros;
pero pues no puedo en Flora,
en Céfiro te prometo
vengar tu enojo.
FLORA Pues ya
que me ha ofrecido tu aliento
  [p. 433]   vengarse en su Amante, yo
de ella vengarme pretendo.
POMONA Ya que tu valor me ofrece
que ejecutará sangriento
en su Amante mi venganza,
yo de ella vengarme quiero.
CÉFIRO Pues ¿qué espera mi valor?
VERTUMNO Pues ¿qué aguarda mi ardimiento?
FLORA ¿Qué se detienen mis iras?
POMONA ¿En qué repara mi aliento?
CÉFIRO ¿Cómo, atrevido Vertumno,
sacrílego y desatento,
quieres al culto de Flora
oponerte?
VERTUMNO Lisonjero
Céfiro, que de lisonjas
tienes el nombre y los hechos,
pues si el aire es quien te anima,
todo tu valor es viento:
¿por qué al culto de Pomona
te quieres oponer necio?
FLORA Mentida Deidad del prado,
cuyo loco atrevimiento,
  [p. 434]   sin cuidar de sus planteles,
quiere gozar sus Imperios:
¿cómo mi culto te atreves
a usurpar?
POMONA El devaneo,
caduca Beldad de flores,
déja; y pues tu osado intento
competir quiere conmigo,
los ociosos argumentos
dejemos, y remitamos
a las fuerzas el derecho
de la Corona del prado.
CÉFIRO ¡Remitamos al acero
la razón de nuestro enojo!
FLORA ¡Soy contenta!
VERTUMNO ¡Soy contento!
FLORA ¡Pues lléga a mis brazos!
CÉFIRO ¡Lléga
a experimentar mi esfuerzo!
MÚSICA ¡Tened, parad, suspended los aceros;
no hagáis duelo propio, el que es duelo ajeno!
CÉFIRO Mas ¿quién detiene mi brazo?
  [p. 435]  
VERTUMNO ¿Quién reporta mi ardimiento?
FLORA ¿Quién impide mi venganza?
POMONA ¿Quién se opone a mi despecho?
MÚSICA ¡Tened, parad, suspended los aceros;
no hagáis duelo propio, el derecho ajeno!
CÉFIRO Ajeno derecho dijo;
pues ¿quién sino Flora, Cielos,
o Pomona, que compite
sus culturas, el derecho
puede alegar de las flores?
VERTUMNO ¿Quién sino el asombro bello
de Pomona, o el de Flora,
pueden al florido Imperio
de las flores aspirar?
FLORA ¿Qué mérito habrá, que opuesto
competir quiera conmigo,
si no es Pomona?
POMONA No quiero
persuadirme que haya quien
halle razón o pretexto
para competir conmigo,
si no es Flora?
  [p. 436]  
CÉFIRO ¡Pues al duelo
volvamos!
POMONA ¡Volvamos, Flora!
FLORA ¡Volvamos, pues es tan nuestro!
MÚSICA ¡Tened, parad, suspended los aceros;
no hagáis duelo propio el derecho ajeno!
¡Dejad, esperad, reprimid el esfuerzo;
no ajeno dominio hagáis propio duelo!
CÉFIRO Segunda vez de mis iras
es dulce rémora el eco.
VERTUMNO Segunda vez es la voz,
de mi noble enojo, freno.
FLORA Segunda vez es el canto
la suspensión de mi esfuerzo.
POMONA Segunda vez, de mi arrojo
viene a ser calma, el acento.
CÉFIRO Pues en métrica armonía,
VERTUMNO pues en süaves concentos,
  [p. 437]  
FLORA dice en cláusulas süaves,
POMONA repite entre dulces quiebros:
MÚSICA ¡Tened, esperad, suspended los aceros;
no hagáis duelo propio el derecho ajeno!
¡Dejad, esperad, reprimid el esfuerzo;
no ajeno dominio hagáis propio duelo!

ESCENA IV

(Sale una NINFA.)
NINFA ¡Tened, esperad, suspended los aceros;
no hagáis duelo propio el derecho ajeno!
¡Dejad, parad, reprimid el esfuerzo;
no ajeno dominio hagáis propio duelo!
CÉFIRO ¿Quién eres, Beldad, que así
te opones a nuestro intento?
VERTUMNO ¿Quién eres, Ninfa, que quieres
suspender nuestro denuedo?
FLORA ¿Quién eres, que contradices
tan evidente derecho?
POMONA ¿Quién eres, que das razones
contra la razón que tengo?
  [p. 438]  
NINFA Escuchad: yo soy Ninfa
de estos jardines bellos
en quien la Primavera
goza exenciones del rigor del tiempo.
Aquesto es lo que soy;
pero, demás de aquesto,
soy Plenipotenciaria
de todo su fragante ameno Reino.
Porque viendo las Flores
que las dos, al derecho
concurrís tan iguales,
que decidirse apenas puede el pleito:
y que, la voz tomando
los dos Amantes vuestros
por las dos, banderizan
con civil guerra su florido Imperio
(de lo cual no resulta
más que daños, supuesto
que lides sin ventaja
son lides, pero nunca son trofeos),
juntándose en sus Cortes,
adonde concurrieron
por Nobleza las Rosas
y el vulgo de las Flores por plebeyo,
y viendo que, entre muchos
pareceres diversos,
son todos juntos malos,
aunque cada uno en sí sea muy bueno,
dispusieron hacer
un Árbitro supremo,
en quien el Reino todo
comprometiese en él su sentimiento.
Éste fui yo, porqué
quisieron que mi ingenio
a un derecho diviso
proporcionase indivisible el Cetro.
Yo, al ver, por una parte,
que debe el Poder Regio
estar en uno, porque
no admite divisiones el gobierno,
  [p. 439]   y advirtiendo, por otra,
vuestro derecho puesto
en tan fiel equilibrio,
que no os hacéis un átomo de exceso,
acudí a Apolo; porque
hay tan arduos sucesos,
que claramente exceden
la esfera del humano entendimiento.
Y él entonces me dijo:
"Ten ánimo; que presto,
del Imperio del Prado,
vendrá el más digno soberano Dueño".
Dijo; y, al encubrirse,
vi resplandor más bello
salir, que eran dos soles,
de quien el mismo Sol aun no es reflejo.
La excelsa María Luisa,
en cuyo hermoso Cielo
lucen ámbar las rosas,
fragante luz despiden los luceros,
aquéste es el hermoso
prodigio, que viniendo,
ya corona las rosas,
ya las rosas coronan su pie bello.
Aquésta es, a quien deben
ceder vuestros derechos
de flores; pues le ceden
ingenio Palas, y hermosura Venus.
Y pues ya la razón
cesa de vuestro duelo,
sirvan a sus aplausos
las voces que sirvieron al estruendo.
FLORA No digas más; que yo
no solamente dejo
la pretensión, mas juzgo
que es razón tan debido rendimiento.
POMONA Yo, a sus divinas plantas
  [p. 440]   puesta, también confieso
que a tan altas ventajas
aun la obediencia no es merecimiento.
CÉFIRO Según eso, nosotros
también ceder debemos;
pues cesando las causas,
es preciso que cesen los efectos.
VERTUMNO Y en señal de que todos,
ufanos y contentos,
su dominio admitimos,
repetid todos, en sonoros ecos:

ESCENA V

VERTUMNO Que pues por Reina del Prado
más bella Flora ha llegado,
que a Flora de serlo priva,
MÚSICA ¡viva, viva, viva!
CÉFIRO Y pues para la Corona
del prado, mejor Pomona
llegó, que el Cetro reciba,
MÚSICA ¡viva, viva, viva!
FLORA Y pues es tal su belleza,
que a sus plantas la grandeza
puede rendir más altiva,
  [p. 441]  
MÚSICA ¡viva, viva, viva!
POMONA Y pues al ver su beldad,
no puede haber libertad,
porque todas las cautiva,
MÚSICA ¡viva, viva, viva!
NINFA Y pues sus prendas hermosas
aun las aplauden, gustosas,
la que del Solio derriba,
MÚSICA ¡viva, viva, viva!

ESCENA VI

NINFA ¡Viva; y su dulce Consorte,
el altivo Cerda excelso,
a cuyas prendas le viene
aun el mismo Amor estrecho!
Y de nuestras cortedades
el perdón (que suponemos
dé su grandeza) pedimos
a sus plantas, advirtiendo
que el no ofrecer antes este
indigno, corto festejo,
no fue falta del amor,
sino hazaña del respeto.
Pues siendo tan corto el dón
y tan soberano el Dueño,
más que don, fuera osadía;
más que fineza, desprecio.
  [p. 442]   Mas, ya que parecer puede
decente a los ojos vuestros,
pues le dieron el valor
los quilates del precepto,
recibidlo; y perdonad,
entre lo humilde y supremo,
lo que tuviere de mío,
por lo que tiene de vuestro.
Y vosotras, bellas Damas,
que en el jardín más ameno
sois flores, a quien respeta
humilde el rigor del cierzo,
gozad eterno Verano,
participando el aliento
de la Reina de las Flores.
Y porque tenga el festejo
venturoso fin, repitan
de la Música los ecos:
¡Que la Pomona más bella
y la Flora más hermosa,
tenga hermosura de Rosa,
pero duración de Estrella!
[Y lo repite la MÚSICA.]

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