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Ibero-American Electronic Text Series

Villacorta C., J. Antonio; Rodas N., Flavio / Manuscrito de Chichicastenango (Popol buj) (1927)

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SÉPTIMA TRADICIÓN

1.-- He aquí, pues, como se principió a tratar de la formación de la gente, buscando también la carne que entraría a formarla. Hablaron entonces Alom, Cajolom, Tzakol, Bitol, Tepeu y Gucumatz; tales eran sus nombres.

2.-- Se está aproximando el nacimiento del día, y debemos tener nuestra obra terminada; debemos consagrar los alimentos y lo que mantendrá a nuestros hijos civilizados, divinizando la existencia de la gente sobre la faz de la tierra, dijeron ellos.

3.-- Se reunieron al llegar; y enviaron sus oraciones en medio de las tinieblas y de la noche; entonces se esparcieron éstas, y ellos se llenaron de gratos sentimientos, consultándose aquí sobre la tierra.

4.-- De esta manera fueron saliendo y llegando los sentimientos purificadores de sus hijos; y encontraron lo que entraría a formar la carne de la gente. Solo faltaba un momento para que se les manifestaran el sol, la luna y las estrellas, que es donde están Tzakol y Bitol.

5.-- De Paxil 128 y de Cayalá, 129 como se les llama de allí vinieron las mazorcas amarillas y blancas.

6.-- Estos son los nombres de los animales que les proporcionaron la noticia de los alimentos: yak 130 utiu 131 quel 132 y joj 133. Cuatro fueron los animales que trajeron la noticia de las mazorcas amarillas y de las mazorcas blancas, las que se encontraban en Paxil, y fueron a enseñarles el camino de Paxil.

7.-- De esta manera hallaron los elementos que entrarían a formar la carne de la gente que iba a ser hecha y formada, siendo entonces el agua de su sangre, la sangre que llegó a ser la sangre de la gente, la que hicieron, entrar en las mazorcas Alom y Cajolom.

8.-- Por este motivo se llenaron de alegría, por haber encontrado aquel paraje lleno de cosas sabrosas y buenas, donde abundaban las mazorcas amarillas y blancas, donde abundaban también el pataxte y el cacao, donde no se veía más que zapotales, aninales, nanzanales, jocotales, matazanales y miel. Lleno de comidas jugosas estaban los lugares que nombran Paxil y Cayalá.

9.-- Había alimentos de todas clases y tamaños, producto de plantas pequeñas y grandes; y los animales les enseñaron el camino a donde habían de ir a traerlos. Entonces desgranaron y molieron las mazorcas amarillas y blancas, e hizo Ixmucané nueve bebidas, entrando esos elementos en las sustancias destinadas a darle vida, fuerza y energía a la gente. Esto fué lo que hicieron Alom, Cajolom, Tepeu y Gucumatz, como les llamaban.

10.-- En seguida comenzaron a pensar cómo harían y formarían a nuestros primeros padres y a nuestras primeras madres. Formaron sus carnes del producto de las mazorcas amarillas y blancas, como alimento de los brazos y de las piernas de la gente. Estos fueron nuestros primeros padres; cuatro gentes fueron las gentes cuyas carnes formaron con solo aquellos alimentos.

l1.--He aquí los nombres de la primitiva gente que ellos formaron y manifestaron: la primera gente fué Balam-Quitzé 134, la segunda Balalm-Akap 135; la tercera fué Majucutaj136 y la cuarta Iqui-Balam137. Estos fueron los nombres de nuestros primeros generadores.

12.-- Solo los hechos y manifestados les decían; no tenían padre ni madre; solamente les decían hombres. No nacieron de mujer, sino que eran hijos formados por Ajtzak y Ajbit, por Alom y Cajolom.

13.-- Su formación y creación fué solamente obra sobrenatural y maravillosa de Tzakol, Bitol, Alom, Cajolom, Tepeu y Gucumatz. Entonces les dieron presencia de gente y ellos quedaron con esa presencia, parecidos a gente. Ellos después hablaron y razonaron, vieron y sintieron, anduvieron y palparon, fueron hombres perfectos de cara, y gente de buena y hermosa presencia.

14.-- Conocieron ellos su inteligencia al darse cuenta que veían, pues inmediatamente vieron lo que les rodeaba; comprendieron lo que miraban, concluyendo por saber todo lo que hay bajo el cielo; y luego volvieron sus miradas hacia todo lo que hay en el cielo y en la tierra.

15.-- Estando en las tinieblas, desde allí lo veían todo sin necesidad de caminar primero; hasta después vieron lo que había debajo del cielo, y solo estando allí lo vieron entonces.

16.-- Grande fué la sabiduría que poseían; la que hicieron penetrar de sus seres a los árboles, a las piedras, a los lagos, al mar, a las montañas y a las costas. En verdad que eran admirables aquellas gentes, llamadas Balam-Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iqui-Balam.

17.-- Entonces fueron interrogados por Ajtzak y Ajbit:-- ¿Qué piensan ustedes de los sentimientos que han recibido? ¿No ven y saben que es bueno su lenguaje, lo mismo que su modo de andar? Hagan penetrar, pues, sus miradas y vean si no se asoman las montañas y las costas; y al distinguirlas vayan a poseerlas les fué dicho.

18.-- Después que concluyeron de ver todo lo que había debajo del cielo mostraron su agradecimiento a Tzakol y a Bitol: en verdad allí mismo les dieron las gracias dos y tres veces. --Nos habéis dado la existencia, y nuestras bocas y nuestras caras; hablamos, oímos sentimos, nos movemos, andamos y poseemos buenos sentimientos para conocer lo que está lejos y cerca de nosotros.

19.-- Por eso vemos lo grande y lo pequeño que existe en el cielo y en la tierra. Gracias, pues, a vosotros, Ajzak y Ajbit, por habernos dado la existencia; vosotros sois nuestros abuelos. Así dijeron ellos cuando les dieron las gracias por su existencia y manifestación.

20.-- Y concluyeron por conocerlo todo, buscando las cuatro esquinas de cuanto hay en el espacio del cielo y lo que ocupa la tierra.

21.-- Pero Ajtzak y Ajbit no oyeron con agrado esas razones, porque, consideraron que no era bueno lo que decían las criaturas formadas por ellos. --Ellos comprenden todo lo grande y lo pequeño, se dijeron.

22.-- Por esa causa tomaron el parecer de Alom y Cajolom. ¿Qué otra cosa haremos de ellos? Haremos que sólo penetren sus miradas cerca, sólo para que vean una parte de la superficie de la tierra.

23.-- Tampoco es bueno lo que dicen. ¿No están manifestados y formados solamente como criaturas? Llegarán a sentirse como el que todo lo ve, si llegan a engendrar, a procrear y a multiplicarse, cuando amanezca, y entonces se aumentarán en cantidad grande. Así será.

24.-- Les limitaremos, pues, un poco en sus deseos, porque aun no son buenos sus sentimientos. Entonces cada uno en su sabiduría ¿no querría llegar a saber y a hacer tanto como nosotros les hemos hecho comprender, viendolo todo?

25.-- Así fué dicho por el Corazón del cielo, Jurakán, Chipí-cakuljá, Raxá-cakuljá, Tepeu, Gucumatz, Alom, Cajolom, Ixpiyacoc, Ixmucané, TzakoJ y Bitol; así fué como hablaron concibiendo entonces lo que debieran poseer sus criaturas.

26.-- Entonces les empañaron los ojos por mandato del Corazón del cielo, cubriéndoselos como cubre el aliento la superficie de un espejo; así les quedaron nublados los ojos y solo pudieron mirar lo que estaba cerca. De ese modo quedaron los que ahora tienen.

27.-- De esa manera destruyeron toda la sabiduría y los sentimientos de las cuatro gentes que aparecieron en un principio. De esa manera fueron formados nuestros primeros abuelos y padres, por el Corazón del cielo y de la tierra.

28.-- Entonces les proporcionaron quienes los acompañarán, pues fueron formadas sus mujeres. El que ve en lo oculto colmó sus sentimientos, y durante una especie de sueño, fué cuando recibieron, por su palabra, mujeres llenas de hermosura que se encontraron con Balam-Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iqui-Balam.

29.-- Estaban allí sus mujeres cuando despertaron; luego se les llenaron de alegría los corazones porque ya tenían compañeras.

30.-- Estos fueron, pues, los nombres de sus mujeres: Cajá-Paluná 138 fué el nombre de la mujer de Balam Quitzé; Chomijá139 fué el nombre de la mujer de Balam-Akap; Tzununijá 140 fué el nombre de la mujer de Majucutaj; y Cakixajá 141 fué el nombre de la mujer de Iqui-Balam. Estos fueron, pues, los nombres de las mujeres que llegaron a obtener estos señores.

31.-- Ellos engendraron las gentes de las grandes y pequeñas tribus; este fué, pues, nuestro origen el de la gente del Quiché, como descendientes de ellos. Muchos fueron los que obtuvieron el don de sacrificadores y adoradores, y no fueron solamente ellos cuatro los que lo obtuvieron en nuestro origen, pero cuatro fueron las madres de nuestra raza, de la gente del Quiché.

32.-- Distintos fueron los nombres de cada uno que fué engendrado allá por donde se levanta el sol; muchos fueron los nombres que obtuvieron las gentes, de Tepeu, Olomán,142 Cojaj,143 Quenech144 y de Ajau; así les llamaron a las gentes engendradas entre ellos, por donde se levanta el sol.

33.-- Se supo, pues, el origen de los de Tamup145, y el de los de Ilocap146 que procedían del mismo lugar de donde se levanta el sol.

34.-- Balam-Quitzé es el abuelo o padre de las nueve grandes generaciones de la casa de Cagüek; Balam-Akap es el abuelo y padre de las grandes nueve generaciones de las casas de Nijaibap147; y Majucumj, es el abuelo y padre de las cuatro grandes generaciones de las casas de Ajau-quiché148.

35.-- Tres descendencias quedaron, pues, formadas; pero ninguna olvidó los nombres de sus abuelos y padres, que las engendraron allá por donde se levanta el sol.

36.-- De la misma manera vienen los de Tamup e Ilocap, con sus trece generaciones por la lengua; los trece de Tecpam; los rabinaleros, los cakchiqueles; los de Tziquinajá, con los de Zacajip; en seguida los de Lamaquip, los Cumatz; los de Tujaljá; los de Uchabajá; los de Chumilajá; con los de Aj-Quibajá; los de Batenajá; la gente de Acul, de Balamijá, de Canchajelep, y los de Balam-colop.

37.-- Este es, pues, el origen de las grandes tribus, como nosotros las llamamos; y de esas grandes generaciones se derivaron las nuestras. Otras muchas han salido entre las de cada lugar del pueblo; por esa causa no escribimos sus nombres, sino solamente el del lugar donde fueron engendradas, por donde se levanta el sol.

38.-- Muchas gentes aparecieron en las tinieblas; entonces se propagaron cuando aún no había aparecido la luz del día. Cuando se propagaron estaban en un solo lugar juntas todas en gran cantidad, caminando y llegando del lugar de donde se levanta el sol.

39.-- Ellas no tenían con qué mantener sus fuerzas; solamente elevaban los ojos al cielo. Tampoco sabían que habían venido a hacer tan lejos.

40.--Entonces permanecieron allí la gente negra y la gente blanca. Distintos eran sus parecidos, distintas sus lenguas, el modo de ver y de oír de aquella gente.

41.-- Habían muchos de ellos bajo el cielo; había también gentes en los montes; pero no se les distinguían las caras, ni tenían casas; solamente iban por las grandes y pequeñas montañas como poseídos de locura hablando entonces, como espantando a la gente de los montes.

42.-- Ellos les hablaban a los que vinieron de donde se levanta el sol. Solamente una manera de hablar tenían todos; todavía no podían nombrar a los árboles ni a las piedras; y recordaban las palabras de Tzakol, de Bitol, del Corazón del cielo, del Corazón de la tierra.

43.-- Ellos meditaban en sus corazones sobre la pronta aparición del amanecer. Pedían e imploraban solamente con palabras arrobadoras, con amor y gran temor, y alzando las caras al cielo, suplicando entonces, por sus hijas e hijos, decían.

44.-- Nos hincamos levantando nuestros brazos. ¡Oh, Tzakol! ¡oh, Bitol! ¡Míranos y óyenos! No nos pierdas ni nos abandones. ¡Tú, el que ve en la sombra, en el cielo y en la tierra, danos la señal de tu palabra, cuando se van el sol y el día; cuando anochezca y amanezca! Danos también el camino azul, el mismo del que nacimos y nos distes; que estemos tranquilos y en paz con nuestros descendientes, con los buenos y purificados de nuestra raza, con los bien nacidos en la existencia que nos has dado ¡Tú, Jurakán, Chipícakuljá, Raxá-cakuljá, Chipí-nanaguak149 Raxá nanaguak 150, Guak-junajup151 Tepeu, Gucumatz, Alom, Gajolom e Ixpiyacoc e Ixmucané, la abuela del sol, la abuela del día, muéstrate y amanece!

45.-- Así hablaron e invocaban cuando vieron que se manifestaba su presencia en la bóveda azul de su amanecer; en donde solo estaban escondidos y se levantaban el día y la luna y una gran estrella que nace antes que el sol, como señal de cuanto hay en el cielo y en la tierra, para que comenzase a caminar la gente formada, la gente manifestada.

46.-- Dijeron Balam-Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iquí-Balam: Esperemos todavía que amanezca. Así dijeron estos grandes sabios, dotados de grandes sentimientos y dignidades; los grandes, como les decían.

47.-- No habían ni existían aún árboles, ni piedras para labrar a nuestros primeros padres; ellos se cansaban solamente de esperar allí, en sus corazones, al sol, siendo muchas las tribus, con la gente de los yakí, los sacrificadores y adoradores.

48.-- Nosotros fuimos a ver y a buscar sobre que esculpir la figura de ellos, y al hallarla nos pondríamos a orar ante ella. Solo así quedaría un símbolo de que existíamos como sus guardadores. Así dijeron, pues, Balam-Quitzé, Balam Akap.. Majucutaj e Iquí Balam.

49.-- Ellos tuvieron noticia de un pueblo y allá se fueron.

50.-- Estos son, pues, los nombres del monte a donde se dirigieron Balam-Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iquí Balam, con los de Tamup e Ilocap: Tulan-Zi-guán152 Gukup Pek153, Gukup Ziguán154. Estos son los nombres de aquel lugar a donde ellos llegaron a traer a sus dioses.

51.-- Llegaron, pues, todos a Tulá, o sea el lugar escondido: no se podía contar la gente que llegaba porque iba dispersa.

52.-- Y sacaron de allí a sus dioses: el primero era el de Balam Quitzé. Balam Akap, Majucutaj e Iquí Balam, se llenaron de alegría. --¡Esto era lo que buscábamos, y lo hemos encontrado! dijeron ellos.

53.-- He aquí el primero que salió de los dioses: era Tojil. Ellos lo sacaron y pusieron en el cacaxte que llevaba Balam Quitzé. En seguida sacaron a Agüilix, así era el nombre del dios que llevo Balam-Akap; en seguida el nombrado Jaoagüitz, llevado por Majucutaj; Nicajtakaj es el nombre del dios que llevaría Iquí Balam.

54.-- De la misma manera que la gente del Quiché, llevaron el suyo los de Tamup. El mismo nombre de Tojil tiene el de Tamup, que llevaron los abuelos y padres de los Tamup, señores sabios, ahora.

55.-- En seguida los de la tercer a generación, atributo de los Ilocap; como el de Tojil era el nombre de su dios, que se llevaron sus abuelos y padres, señores solamente sabios ahora también.

56.-- Así quedaron los nombres de los tres dioses del Quiché: y ellos no se separaron, porque un solo nombre era el nombre de sus dioses; Tojil quiché, Tojil de los Tamub y de los Ilocap; un solo nombre era el de sus dioses, por lo que no se dividieron estas descendencias por la lengua quiché.

57.-- Los tres eran poseedores de grandes verdades: Tojil, Agüilix y Jacagüitz.

58.-- Entonces llegaron allí, con ellos, todas las tribus, los rabinaleros, cakchiqueles, los de Tziquinajá, con los que ahora llaman los yakí.

59.-- Allí fué, pues, donde se confundió la lengua de las tribus; distintas fueron las que se formaron. Por esa causa no pudieron entenderse, cuando partieron de Tulán. Allí fué, pues, donde se dividieron; hubo quienes se fueran para donde se levanta el sol; muchas se vinieron para acá.

60.-- Solo pieles poseían cada una para cubrirse. No teman de las buenas ropas para su uso, y solo pieles de animales eran sus riquezas. Eran pobres, nada tenían. Solo la gente agorera y poderosa las poseían buenas.

61.-- Entonces se vinieron de allá de Tulán Ziguán, Gukup Pek, Gukup Ziguán; y se decía dentro de la antigua tradición que tuvieron que andar mucho para llegar desde Tulán.

62.-- No había ya más fuego que el poseído por Tojil. Este era, pues, el dios de las tribus, las primeras que existieron adorándole, habiéndole visto entonces así los de Balam-Quitzé y Balam Akap.

63.-- Postrados de hinojos exclamaban: --¡Ya no tenemos el fuego que nos dieron y nos moriremos de frío! Así dijeron ellos, pues. Entonces les habló Tojil:-- no se aflijan, ustedes tendrán el fuego que lamentan haber perdido. Así les dijo entonces Tojil.

64.-- ¿Será cierto? ¡oh, Dios! ¡Tú, nuestro mantenedor! ¡Tú, nuestro sostenedor! ¡Tú, nuestro Dios! le dijeron a el manifestándole sus agradecimientos.

65.-- Les dijo Tojil:-- Está bien, ciertamente yo soy el Dios de ustedes; así será entonces. Yo soy el señor de ustedes; así será, pues, les dijo a los sacrificadores y adoradores, Tojil. He aquí el origen de la adoración de las tribus, que llenas de alegría ofrendaban su adoración.

66.-- En seguida comenzó a caer copiosa lluvia que apagó el fuego de las tribus, acompañada de gran cantidad de granizo que golpeaba donde estaban todas reunidas. Así, pues, se apagó el fuego por causa de la lluvia y del granizo, no quedándoles nada de su fuego.

67.-- Entonces Balam-Quitzé y Balam Akap le pidieron su fuego:-- ¡Tú, Tojil, en verdad que moriremos por causa del frío!, le dijeron a Tojil. --¡Bien, no se aflijan, les contestó Tojil; y en seguida obtuvo el fuego golpeando dentro de su sandalia.

68.-- Luego se llenaron de alegría Balam Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iqui Balam; calentándose en seguida. Así también se les apagó el fuego a todas las tribus, que morían ya por causa del frío. Después vinieron a implorar por el fuego que poseían Balam Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iqui-Balam.

69.-- Ya no podían soportar el frío ni el hielo. Estaban unas tras otras tullidas, con las manos escondidas; ya casi no tenían vida, les temblaban las piernas y los brazos, sin tener de que ampararse cuando llegaron.

70.-- No se avergüencen de nosotros porque venimos a pedirles un poco de su fuego, les dijeron, cuando llegaron ante ellos. Como no les dijeron que se sentasen, los de las tribus sintieron entonces gemir sus corazones.

71.-- Con voces alteradas Balam-Quitzé, Balam-Akap, Majucutaj e Iquí Balam les dijeron: --¡Póstrense ustedes de hinojos!--¡Ah, ya han perdido nuestra lengua! ¿Qué les hemos hecho? ¿Nos han olvidado? ¿Que daño les hemos hecho? ¡Era una sola nuestra lengua cuando llegamos allá, a Tulán! ¡Eran unos solos nuestros mantenimientos y nuestras existencias! No está bueno lo que hacen, les dijeron a todos los de las tribus, que estaban bajo los árboles y los bejucos.

72.-- Entonces apareció una gente ante Balam Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iquí Balam, hablándoles en ese momento como un enviado de Xibalbá.

73.-- Ciertamente él es su dios, él será su mantenedor, él es el reemplazo, y el representante del Formador y Manifestador de ustedes. No participen de su fuego a las tribus hasta que ellas consientan en lo que deben ofrendar a Tojil como el señor proporcionado a todos. Interroguen en sus sentimientos a Tojil, sobre que será lo que darán a cambio de su fuego, leg dijo el de Xibalbá.

74.-- Tenía alas como las que tienen los murciélagos. --Yo soy el enviado del Formador y Manifestador de ustedes, les dijo el de Xibalbá.

75.-- Rebosóles entonces la alegría y se les ensancharon los corazones a Tojil, Agüilix y Jaeagüitz cuando hablaba el de Xibalbá, que inmediatamente desapareció de su presencia sin dejar de existir, escondido en el espacio.

76.-- Volvieron entonces a insistir las tribus, que ya se morían a causa del frío producido por la lluvia tenebrosa y la gran cantidad de granizo que aumentaba sobre ellos el frío, que ya no podían soportar.

77.-- Con los brazos escondidos, gimiendo y tiritando como ratones mojados, estaban todas las tribus a causa del frío. Entonces llegaron allí donde estaban Balam Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iquí Balam. Grande era el disgusto de sus corazones y tenían las bocas y las caras compungidas.

78.-- En seguida llegaron desoladas a presencia de Balam Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iquí Balam diciendo:

79.-- ¿No os compadecéis de nuestra desgracia, cuando os suplicamos nos proporcionéis un poco de vuestro fuego? ¿Acaso no nos juntamos y encontramos en una misma morada, en un solo monte, cuando fuimos formados y manifestados? ¡Tendréis, pues, compasión de nosotros! les dijeron entonces.

80.-- ¿Qué cosa nos darán a nosotros para que tengamos compasión de ustedes? les contestaron aquellos. --Bueno, os daremos metales preciosos, respondieron los de las tribus.

81.-- Pero nosotros no queremos metales, replicaron entonces Balam Quitzé y Balam Akap. ¿Y que es lo que deseáis vosotros? Consultad nuestra súplica, les dijeron los de las tribus.--Muy bien, iremos a consultar, pues, los deseos de Tojil y en seguida lo comunicaremos a ustedes, les fué contestado.

82.-- ¿Qué es lo que os darán las tribus, ¡oh Tojil! los que llegaron a suplicar un poco de vuestro fuego?, dijéronle Balam Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iquí Balam.

83.-- ¡Bien! ¿Pero querrán ellos ponerse debajo de la piedra del sacrificio, al tañer el tum? ¿Querrán sus corazones adorarme como a Tojil? Si no consienten en esto, no les daré de mi fuego, les dijo Tojil, y agregó:

84.-- Les dirán a ellos que principien a hacerlo; pero por ahora no se les hará llegar a la losa del sacrificio, les respondió a Balam Quitzé, Balam Akap, Majucutaj e Iquí Bialam.

85.-- Entonces les dieron la respuesta de Tojil. Muy bien, tocaremos allí el tum, y lo adoraremos con placer. Así, pues, contestaron, y luego se prosternaron ante la respuesta de Tojil. No tardaron ellos en ofrendarle. Está bien, se lo prometemos, dijeron; y entonces, tomando de su fuego ante él se calentaron.

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