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Ibero-American Electronic Text Series

Villacorta C., J. Antonio; Rodas N., Flavio / Manuscrito de Chichicastenango (Popol buj) (1927)

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CUARTA TRADICIÓN

1.--He aquí que la noticia llegó a una doncella, hija de un señor llamado Cuchumaquic.

2.-- Esto fué lo que oyó decir una doncella hija de un señor. Cuchumaquic era el nombre de su padre. Ixquic 91 era llamada la doncella. Cuando ella supo la noticia relativa a los frutos del árbol, se la comunicó a su padre, porque le admiró la noticia.

3.-- ¿Por qué no vamos a ver ese árbol de que se habla, que ciertamente dicen ser sabrosos sus frutos, según oí? dijo ella.

4.--En seguida fué ella sóla y llegó bajo el árbol, que se hallaba sembrado por donde estaba el Pucbal-chaj.-- Ah! exclamó: ¿qué fruto es ese que produce ese árbol? ¿Tiene algún sabor el fruto de ese árbol? ¿No podré coger uno? ¿me pasará alguna cosa?, decía la doncella.

5.-- Entonces habló una de las calaveras que estaba entre las ramas del árbol : ¿Qué es lo que deseas? Solamente huesos están prendidos en las ramas del árbol, dijo una de las cabezas de uno de los Ajup, cuando habló a la doncella.

6.-- ¿Nos deseas? le preguntaron:-- Los deseo, contestó entonces la doncella.-- Está bien: extiende el extremo de uno de tus brazos para ver la mano, dijeron las calaveras.--Bien dijo la doncella, y extendió los extremos de sus brazos delante de las calaveras.

7.-- Entonces las calaveras le dejaron caer saliva en las manos a la doncella y en cuanto vió en las palmas de sus manos la saliva, esta desapareció luego, como si no le hubiera caído saliva de las calaveras en las manos.

8.-- Esta saliva que te hemos arrojado sólo es una señal de nuestros sufrimientos. Estas cabezas nuestras no tienen ya nada encima, solamente son huesos, de nada servirán ya.

9.-- Solamente han quedado los cráneos de cuando fuimos grandes señores; solamente cuando tenían carne éramos de buena presencia. Por eso cuando morimos asustamos a la gente, a causa de que solo somos una osamenta.

10.-- De esa manera se trasmite a los hijos el sufrimiento que se posee, como la saliva, si son hijos de señores, de sabios y oradores; por eso no se pierden cuando se van, manteniéndose identificados, porque son la saliva dejada por los señores, hombres pensadores y oradores; y sólo así perduran los hijos de aquellos antepasados, cuando llegan a existir; esto mismo hemos hecho contigo.

11.-- Anda, pues, sobre la superficie de la tierra, porque no morirás. Atiende nuestra palabra cuando llegues, le dijeron las cabezas de los Ajup, hasta el séptimo de ellos. Solamente la voluntad de la palabra de Jurakán, de Chipí Cakuljá y de Raxá Cakuljá fué la que ejecutaron.

12.-- Retornó la doncella a su casa después de haber oído aquello y apercibídose de lo que sería de ella. Solamente a causa de la saliva concibió seres vivos en su vientre, y éstos, pues, serían Junajup e Ixbalamqué.

13.--Al llegar la doncella a su casa, y cuando había cumplido seis meses de embarazo, fué observada por su padre, que se llamaba Cuchumaquic.

14.--De esa manera fué como comprendió la doncella, por causa de su padre que lo habla visto, que llevaba un hijo. Entonces, pues, tomaron sus pareceres los señores e hijos de Jún Camé y Gukup Camé con el de Cuchumaquic.

15.--Esta hija mía ya tiene un hijo, grandes señores, esto sólo es su deshonra, dijo entonces Cuchumaquic, cuando llego ante los señores. --¡Está bien! Hazle abrir la boca y si no habla, castígala, pues; pero de aquí anda a castigarla lejos.--Muy bien, respetables señores, dijo entonces.

16.-- En seguida se quedaron ellos pensando de quién sería aquel hijo. ¿Quién te engendró el hijo que llevas en el vientre, tú, hija mía? --Ella dijo entonces:--Yo no tengo hijo, tú, mi padre, no he conocido la cara a ningún hombre.

17.-- Le dijo entonces.-- ¡Muy bien! Tú estás deshonrada, porque ciertamente lo tienes. Entre la horqueta del árbol la sacrificaran ustedes, obreros de los señores de la estera, y me traerán su corazón en un vaso, y allí lo guardarán, señores, les fué dicho entonces a los tecolotes.

18.-- Y cuatro de ellos fueron entonces a tomar el vaso, cuando se encaminaron a sacrificar en un árbol a la doncella, llevando un cuchillo de pedernal blanco con que la inmolarían.

19.-- No deben ustedes matarme, servidores de Xibalbá, porque no es deshonra lo que llevo en el vientre; el sér viviente que concebí sólo lo tengo porque fuí a expresar mi sentimiento ante las cabezas de cada uno de los Ajup, que están colocadas por donde está una ceiba; por esa causa no deben sacrificarme ustedes, los servidores, les dijo la doncella cuando les habló.

20.-- ¿Y qué pondremos en vez de tu corazón? Tu padre nos ha dicho: tráiganme su corazón y regresen con él señores, no lo vayan a botar, tampoco lo extravíen cambiándolo por otro; me lo traen inmediatamente en un vaso. ¿No nos ha dicho así? ¿No nos ha dicho, pues, que lo pongamos en un vaso?, le dijeron los servidores de Xibalbá.

21.-- Está bien, replicó ella; pero como no les pertenece mi corazón, no debéis obedecerles ni estar en aquella casa, porque solo es deshonra el matarse la gente sin causa alguna; y por eso serán míos Jún Camé y Gukup Camé, que no temen la presencia de la sangre y de las cabezas sin hueso.

22.-- Y cuando se disponían a sacarle el corazón les dijo la doncella: --Pongan el vaso en presencia de ese árbol. Y entonces fué un líquido rojo el que brotó de él y cayó en el vaso, y allí se juntó como sangre coagulada en el fondo del vaso, en reemplazo del corazón, que fué lo que se formó entonces, del líquido que brotó del árbol rojo.

23.-- Así fuí como quedó el líquido del árbol en vez de su sangre; entonces quedó allí coagulada la savia de ese árbol; por eso su cáscara quedó color de sangre; y por eso relumbraba en el vaso donde la recogieron cuando fué convertida la savia del árbol en sangre por la doncella.

24.--Chuj-cakché 92 le dicen ahora; de allí le viene el nombre, de esa sangre; porque fué sangre de cabezas. Así le dicen.

25.-- Allá, pues, sobre la tierra tendrán la suya, allá lo adquirirán, allá se encontrará, les dijo a los tecolotes. --Muy bien, tú, doncella. Tomaremos nuestro camino, nos apresuraremos en caminar, y entonces les diremos a los señores al llegar nosotros : no traemos sino el reemplazo de su corazón, dijeron, entonces los trabajadores.

26.-- Y cuando llegaron ante los señores, que se miraban unos a otros: --¿Ha concluido eso? les preguntó Jún Camé. --Hemos concluido, señores; he aquí el corazón en el fondo del vaso. --Muy bien, lo veré entonces, dijo Jún Camé.

27.-- Luego lo colocaron colgandolo en una bolsa, y cuando la vaciaron relumbraba por encima como sangre roja. Es bueno que soplen el fuego y lo pongan encima, les dijo, pues, Jún Camé.

28.-- En seguida lo pusieron en el fuego, llegando a sentir, entonces, los de Xibalbá cuando ya terminaba de consumirse y al entrar todos a sentir y a ver el humo que entre ellos se esparcía producido por la sangre, y que ciertamente apercibieron que era oloroso.

29.-- De esa manera fué como quedaron aturdidos en sus cuevas, mientras los tecolotes salían a reunirse con la doncella en la tierra; y cuando llegaron ante ella se convirtieron en sus servidores.

30.-- Así fué como terminaron los señores de Xibalbá, por causa de que la doncella los hizo tontos a todos.

31.-- Ahora, pues, estaban Junbatz y Junchogüén en compañía de su madre cuando llego la mujer Ixquic ante ellos. Aquella llevaba en el vientre a sus hijos, y poco le faltaba para dar a luz a Junajup e Ixbalamqué, como les llamaron.

32.-- Cuando llegó la mujer ante la anciana, dijo a ésta: llego contigo, tú, mi, madre; yo soy tu hija adoptiva, pues soy tu nuera, tú, madre mía, la dijo cuando llegó ante la viejecita.

33.-- ¿De dónde vienes tú? ¿Están allá mis hijos? ¿No han muerto en Xibalbá? Los dos que han quedado como descendientes de ellos se llaman Junbatz y Junchogüén. ¿Quieres verlos? Quién sabe de dónde vienes, sal de aquí, le fué dicho a la joven por la viejecita.

34.--Esta es la sola verdad: yo soy nuera tuya, mujer de él; el hijo que tengo es de uno de los Ajup; y lo concebí como obra de su presencia, porque no han muerto los Ajup, hasta el séptimo, y se revelaron conmigo sólo en su existencia verdadera, mi suegra. De esa manera verás entonces lo adorable que será la faz de mi hijo, le fué dicho a la viejecita.

35.-- Por ese motivo son los atributos de Junbatz y Junchogüén: ser cantores, escritores, oradores y escultores en bajo relieve; solamente eso se mantenían haciendo como ocupación diaria, y con esto llenaban el corazón de la anciana.

36.-- Entonces dijo la viejecita: --No quiero que tú seas mi nuera, sólo es deshonra lo que llevas en tu vientre; tú me engañas, porque ya han muerto mis hijos a que te refieres.

37.-- Y agregó la anciana: en verdad si es cierto lo que tú me dices, está bien, y si tú eres mi nuera ayúdame, anda a traernos que comer, aquí te esperamos, anda a tapiscar una red grande, y regresa para continuar ayudándome, le fué dicho a la doncella.

38.-- Está bien, dijo ella. Entonces se encaminó a la milpería que tenían sembrada Junbatz y Junchogüén; y por esa causa se le mandó a la doncella que tomara el camino desbrozado por ellos hasta llegar a la sementera de maíz.

39.-- Solo una mata había, no habían ni dos ni tres matas, y cuando vió que solo una mata había, se reveló en la cara de la doncella la tristeza de su corazón.

40.-- ¡Yo soy deudora de muchas culpas! ¡Cuándo podré llevar una redada de esta milpa!, dijo ella entonces. En seguida comenzó a invocar al Chajal 93 que cuida de hacer crecer las siembras y de que broten los granos que sirven de alimento.

41.--Ixtoj 94, Ixcanil 95 e Ixcacóu 96 ¡las que preparáis el nixtamal!97; ¡Tú, Chajal, guardián de las sementeras de que se alimentan Junbatz y Junchogüén! clamaba la doncella. Entonces trajeron ellos las florescencias a las milpas, al pelo de las mazorcas, que nacieron y cuyos granos crecieron pronto; y cuando recogió las mazorcas, sus protectores tuvieron que ayudarla a llevar la red ya colmada.

42.-- Entonces retornó la doncella, y solamente sobre un animal pudo conducir la red, viniéndose con él, y fué a dejar la carga a una troj que en forma de cacaxte había en la casa; tal era la carga. Y cuando llegó, la vió la viejecita y al ver ésta la comida en la gran red, dijo:

43.-- ¿De dónde sacaste la comida, que trajiste; no destrozarías, terminando con ella, nuestra sementera de milpa? Iré a verla, dijo la viejecita, yéndose entonces a ver su milpería.

44.-- Solamente encontró en el propio lugar la mata de milpa, y solo se distinguía allí también la señal donde habían colocado la red. Presto se volvió entonces la viejecita y en llegando a su casa dijo a la doncella: sólo con esto me basta como señal de que ciertamente tú eres mi nuera, seguiré viendo por tí, y cuidaré de los otros seres que tienes, le dijo entonces a la doncella.

45.-- Esto es lo que les contaremos del nacimiento de Junajup e Ixbalamqué.

46.-- De esta manera les diremos como nacieron. Cuando se llegó el día nacieron; entonces nacieron del cuerpo de la doncella llamada Ixquic.

47.-- Pero la viejecita no estaba presente cuando nacieron. En la madrugada vinieron a la vida los dos llamados Junajup e Ixbalamqué; en el monte fueron dados a luz.

48.-- Entonces los entraron a la casa, pero no se dormían. Anda a tirarlos, verdaderamente es mucho lo que chillan decía la viejecita. En seguida, pues, los fueron a tirar a un hormiguero; pero allí durmieron a gusto; por lo que los sacaron de allí después, y los fueron a dejar a un espinero.

49.-- Eso, pues, querían Junbatz y Junchogüén: que murieran en el hormiguero o sobre el espinero; eso querían ellos, por el poder que pensaban tendrían sus hermanos menores, que querrían ser más poderosos que Junbatz y Junchogüén.

50.-- Por esta causa desde un principio no los dejaban entrar en la casa, porque no los conociesen, y ellos se crearon únicamente en sus montes.

51.-- Junbatz y Junchogüén eran grandes cantores y oradores; y por eso, pues, ellos también lo fueron, y se engrandecieron en medio de muchos trabajos, sufrimientos y tristezas; por eso llegaron a adquirir gran sabiduría; solo por esa causa fueron también cantores, oradores, escritores, escultores, cinceladores en bajo relieve, y todo lo sabían hacer bien, por esa causa.

52.-- Ellos también sabían cómo habían nacido y que eran gentes de sentimientos como reemplazo de los que habían ido a Xibalbá, donde habían muerto sus padres. De ellos provenía también la gran sabiduría de Junbatz y de Junchogüén, y pensaban ellos en su interior que todo lo sabían como los mayores que eran de sus hermanos.

53.-- Por esa causa no manifestaron sus sentimientos, por la envidia que les tenían a sus hermanos, y la mala voluntad que brotaba de sus corazones; y como eso pensaban, era la causa de la hostilidad que manifestaban a Junajup e Ixbalanqué.

54.-- Ellos se mantenían solamente tirando con sus cerbatanas, día a día; por eso no eran amados por la viejecita ni por Junbatz y Junchogüén, que no les proporcionaban de comer, y cuando estaba lista la comida, llegaban a comer primero Junbatz y Junchogüén, y hasta después entraban ellos.

55.-- Pero ellos no se encolerizaban ni irritaban por ello, solamente sufrían; porque comprendían lo que poseían y miraban claramente su naturaleza. Traían pues, sus pájaros cuando llegaban todos los días, los que se comían Junbatz y Junchogüén, y ya nada dejaban para darles a ellos, a los dos hermanos Junajup e Ixbalamqué.

56.-- Junbatz y Junchogüén se mantenían solo orando y cantando. Entonces llegaron allí con ellos Junajup e Ixbalanqué; pero entonces no traían pájaro alguno, y cuando llegaron así, la viejecita se mostró incómoda.

57.-- ¿Por qué causa no han vuelto a traer pájaros? preguntaron entonces a Junajup e Ixbalanqué. --Esta es la causa abuelita nuestra, porque los pájaros se quedan enredados sobre el árbol, le dijeron entonces, y tampoco podemos nosotros subir sobre el palo por nuestras piernas, viejecita nuestra: si quisieran nuestros hermanos mayores ir con nosotros a bajar los pájaros dijeron ellos.

58.-- Muy bien, iremos con ustedes en cuanto amanezca, asintieron los hermanos mayores, cuando les hablaron. Los sentimientos de los dos hermanos para acabar con Junbatz y Junchogüén habían desaparecido en ellos, pues habían cambiado en su modo de pensar y de sentir; y por esa razón concibieron el hacerles grandes males. --Ellos querían matarnos y hacernos desaparecer siendo nosotros sus hermanos. De esa manera pensaban, han creído que venimos para ser sus servidores. Del mismo modo nosotros los castigaremos, como una muestra de lo que podemos hacer.

59.-- Así pensaban al estar reunidos, cuando fueron al pie del árbol llamado cauté 98. Acompañados entonces de sus hermanos mayores se fueron tirando con sus cerbatanas. Como habían muchísimos pájaros que cantaban sobre el árbol, los hermanos mayores se admiraban de ver tantos.

60.-- He aquí que ninguno de los pájaros caía abajo del árbol: es preciso que suban ustedes a bajarlos, les dijeron entonces a sus hermanos mayores.--Está bien les contestaron ellos.

61.-- En seguida subieron éstos al árbol, pero el árbol creció y engrosó como si se hubiera hinchado; y cuando quisieron bajar no pudieron descender del árbol Junbatz y Junchogüén.

62.-- Ellos decían desde donde estaban sobre el árbol :--¿Qué nos han hecho ustedes, hermanos nuestros? Este árbol nos asusta al solo verlo, hermanos nuestros, decían sobre el árbol.

63.-- Entonces Junajup,e Ixbalamqué les dijeron: desátense sus ceñidores, amárrenselos debajo del abdomen dejando caer sus extremos, tirándoselos por detrás como si fueran colas, y así podrán bajar. Así les fué dicho por sus hermanos.

64.-- Bueno, contestaron. Entonces arrojaron hacia atras las extremidades de sus ceñidores, que al instante se convirtieron en colas, y por eso quedaron con apariencia de micos.

65.-- En seguida huyeron por entre los grandes y pequeños montes, se fueron entre los guatales, saltando y chillando entre las ramas de los árboles. De esa manera terminaron Junbatz y Junchogüén, por causa de Junujup e Ixbalamqué, lo cual hicieron estos mediante el poder sobrenatural de sus protectores.

66.-- En seguida retornaron a su casa, y cuando llegaron ante la viejecita y su madre, les dijeron: ¡Oh, tú, abuela! ¿Qué les pasaría a nuestros hermanos, mayores que repentinamente fueron tomando un aspecto como de un animal? Así les dijeron.

67.-- Si ustedes fueron los que eso hicieron a sus hermanos mayores, me han proporcionado una desgracia, al separarme de ellos; porque no está bien lo que han hecho con sus hermanos, ustedes lo saben, les reprochó la viejecita a Junnajup e Ixbalamqué.

68.-- Ellos le dijeron entonces a la viejecita: no estés triste, tu, viejecita nuestra, volverás a ver a nuestros hermanos; ellos vendrán, pero cuando vengan a comer de tu comida, tú, viejecita nuestra, no vayas a reírte de ellos.

69.-- Entonces comenzaron a tocar el son de Junajup-coy 99.

70.-- Entonces los llamaron sonando y tocando sus instrumentos de música, llevando sus pitos y sus atabales, y luego emprendieron su camino yendo la viejecita con ellos, y tocando, los llamaban con sus pitos, hablándoles y llamándolos con el son llamado Junajup-coy.

71.-- Y entonces fueron acercándose Junbatz y Junchogüén, bailando cuando llegaron. Y luego se apercibió la viejecita que tenían las caras muy feas y al vérselas se rió de ellos y al ver que la viejecita no contenía la risa, se fueron inmediatamente y no les vieron más las caras.

72.-- ¡Ya lo vistes! viejecita nuestra. Ellos se han vuelto a la montaña. ¿Qué les has hecho, viejecita nuestra? Solamente cuatro veces probaremos a atraerlos, solo tres faltan.

73.-- Volveremos a llamarlos con el son del pito; pero deten la risa, probaremos otra vez, le dijeron Junajup e Ixbalanqué.

74.-- En seguida les tocaron su son; y volvieron a llegar bailando hasta en medio de la cocina; y lo que hacían era tan gracioso, tirándose sobre la viejecita en sus retozos, que luego le dió risa a ésta; porque en verdad daba risa el ver la cara de los micos, lo mismo que lo que tenían bajo el vientre, que era una cosa carnosa con una abertura en el extremo, y como estaba bajo el vientre, la viejecita se reía, pues, de todo esto.

75.-- En seguida se fueron otra vez a la montaña. ¿Qué les has hecho, tú, nuestra viejecita? Ya con esta es la tercera vez que probaremos, le dijeron Junajup e Ixbalamqué.

76.-- Y les volvieron a tocar el son; y ellos regresaron a bailar, y hasta entonces contuvo la risa la viejecita. Entonces se encaramaron a la parte alta de la casa, alargaban sus hocicos y los escondían entre las piernas, y sus caras se encogían y se alargaban haciendo muecas como el primer día que bailaron.

77.-- Y después que les vio las caras la viejecita soltó otra vez la risa, por eso ya no les vieron más las caras, por causa de la risa de la viejecita.--De esa manera, tú, viejecita nuestra, lea volveremos a llamar, pues, por la vez cuarta.

78.-- Y les volvieron a tocar el son; pero no regresaron la cuarta vez, y luego se fueron a la montaña. Entonces le dijeron a la viejecita: cuando los llamamos la última vez no llegaron, por eso ya no probaremos a llamarlos. Pero no estén tristes; quedamos nosotros, nosotros las alimentaremos; porque ya hemos visto que ustedes son nuestra madre y nuestra abuela; de donde provinieron las existencias de los que recibieron los nombres de Junbatz y Junchogüén, les dijeron Junajup e Ixbalamqué.

79.-- Por eso eran aquellos invocados como escritores, músicos y oradores por la antigua gente; por eso los buscaban los escritores y los cinceladores o escultores en la antigüedad. Ellos se convirtieron en animales semejantes a los micos, y eso les sucedió porque se enorgullecieron y maltrataron a sus hermanos.

80.--Esa fué la causa de la desgracia en sus corazones, de todos sus sentimientos; así, pues, fueron aborrecidos, y entonces se perdieron Junbatz y Junchogüén, que se convirtieron en animales. Así, pues, sus descendientes tienen una morada, habiendo sido aquéllos grandes cantores y escritores, lo que hacían cuando se habían quedado con su abuela y con su madre.

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