Alonso, Manuel A. / El Jíbaro (1949)
PERICO PACIENCIA116
Tratábase de celebrar la fiesta del santo patrón de un pueblo de esta Isla, y siguiendo lacostumbre establecida en casos semejantes, comenzó el Alcalde por abrir una suscripción enla que pronto figuraron los nombres de las principales personas de dicho pueblo. Vivía en elmismo un vecino joven que el señor Cura recogió cuando niño, porque tuvo la desgracia deperder a sus padres, y lo había criado, dándole la educación que pudo, pues el buen señorhasta de lo necesario solía privarse para socorrer a los desgraciados y esto quiere decir que subolsa estaba tan limpia de dinero como su alma de pecados.
Pedro González, que así se llamaba el niño, creció teniendo siempre a la vista el buenejemplo del sacerdote y como de suyo era bien inclinado, llegó a ser el mozo más honrado,servicial y bonachón; tanto que lo conocían todos por el nombre de Perico Paciencia, y así lellamaban sin que por ello se le diera un comino.
Pensando sin duda en hacer una buena obra iba nuestro hombre por la calle, cuando seencontró con el Alcalde, que, con la lista en una mano y el lápiz en la otra, le interpeló de estemodo:
--Vamos, Perico, a ver con cuanto te apuntas para los gastos de la fiesta.
--Señor Alcalde, con mucho gusto; lo que siento es que no tengo más que un peso, que simás tuviera vería usted que pronto se lo entregaba, como hago con éste.
[p. 136]Y, en efecto, entregó cuatro pesetas, único caudal que poseía en aquel momento y quellevaba consigo.
--Pero algo más puedo hacer: usted tendrá que mandar por los músicos al pueblo vecinoporque aquí no los hay; yo tengo mi caballito, iremos los dos y se ahorra el alquiler de unhombre y un caballo. Además iré también a llevarlos después de la fiesta.
--Gracias, Perico, gracias y acepto tus ofrecimientos. Mañana temprano es precisomarchar.
--Lo dicho, señor Alcalde, al amanecer saldré de aquí para estar de vuelta antes delmediodía, porque a las doce debo disparar los truenos y repicar las campanas.
A la mañana siguiente llegaba Perico con una recua de siete caballos a la casa del directorde la orquesta; mas el Alcalde parece que en materia de repartos no era muy inteligente yhabía echado la cuenta sin los violines, el trombón y el contrabajo, de modo que, después deestar a caballo los seis músicos, se encontró Perico con que tenía que acomodar en el séptimocaballo que era el suyo dos violines con su caja, el contrabajo con la suya, un trombón y su nopequeña humanidad. No vaciló por esto y dos horas después entraba en su pueblo precedidode los músicos y el caballo cargado con los demás instrumentos, menos el contrabajo que llevósobre su cabeza para que no sufriera la menor avería.
Media hora después, repicaba las campanas que era un gusto y entre uno y otro repiquedisparaba una porción de truenos que sin subvención de ningún género había fabricado. Porla noche cantó en la salve, dirigió la alborada, disparó los cohetes y dio muchos vivas al Santopatrón y al Alcalde, que lo había dejado a pie y con carga. Al día siguiente tocó el Ave María,cantó en la misa y cuidó del arreglo del salón en que por la noche debía darse el baile. Llególa hora de éste y con ella la de recoger Perico el premio de todos sus trabajos. Ya el Alcalde,el Sindico y demás notables acompañados de sus caras mitades y no menos caras hijasocupaban la sala, y la juventud masculina tosía, se arreglaba el cuello de la camisa o hacíaotras cosas por el estilo, aguardando el momento de poner en juego las piernas al compás dela música. Perico se presenta a la puerta vestido con una levita nueva, que así como el resto desu traje no estaba muy conforme con el último figurín de modas, aunque podía pasar, y unosbotines que le apretaban sin piedad, pero no piensa en esto cuando se trata de bailar con lahija del Alcalde, de quien estaba secretamente [p. 137] enamorado. Desde aquel sitio descubre a la niñaque lleva un hermoso traje, regalo de su papa y comprado con el producto de la visita detiendas de aquel año; los ojos de Perico se anublaron y su corazón dejo de latir y empezó agalopar. Perico se quedo como todos nos hemos quedado en iguales circunstancias.
Mientras tanto la escogida concurrencia estaba escandalizada.
--¿Cómo, decía uno, atreverse a venir al baile un hombre que lleva recados de todo elmundo?
--Y que ha traído los músicos, añadía otro.
--Y el contrabajo a cuestas.
--Y que dispara truenos.
--Y que toca las campañas.
--Y que da vivas al Patrón y al Alcalde.
--Y que arregló esta sala.
--Pues lo que es yo, decía la chica del Alcalde, no bailó con él. ¡No faltaba más! Un hombreque fue descalzo a llamar la comadre cuando el último parto de mamá.
--Ahí tiene usted, añadía la señora del Sindico, lo que son las cosas, ese chico aunque hijode mi prima Josefa (Q. E. E. G.) como el Cura es así tan... tan... pues... tan llano, nole ha enseñado más que a ser honrado.
--Verdad, doña Brígida, pero no puede entrar en la buena sociedad porque sus costumbresy sus modales no son de lo mejor, dijo la señora del abastecedor de la carne, íntimo amigo delAlcalde.
Este, lejos de calmar la tormenta la aumentaba sonriendo a uno, guiñando el ojo alotro, y dando la razón a todos. Por último, cuando vio que la opinión era unánime sedirigió a Perico, que repuesto algo de su emoción penetraba resueltamente a donde más levaliera no haber entrado.
--Perico, óyeme una palabra.
--Sí, señor, contestó poniéndose colorado, porque pensó que habían sorprendido su secretoamor.
--Mira, Perico: siento lo que voy a decirte; pero es preciso. Los concurrentes al baile tienena mal el que hayas venido, y yo te aconsejo que te vayas para evitar un lance.
--Pero ¿qué he hecho yo para que me echen así? ¿No soy un hombre honrado ytrabajador? ¿No están ahí mis parientes?
--Es cierto: pero ellos tienen una posición que tu no tienes y tus circunstancias y las míasno me permiten admitirte.
--Y ¿por qué no? Mi padrino no me ha enseñado lo que [p. 138] saben todos esos señores? ¿Nocumplo con todos mis deberes? ¿No he pagado como ellos los gastos de la fiesta? y además nohe trabajado sin cesar para que quedara lucida?
--No sé que decirte, hijo; pero el caso es que tienes que marcharte, porque así lo quiereny yo te mando que lo hagas.
--Bien, Sr. Alcalde, bien; me voy por obedecerle; pero maldito si entiendo el motivo, y lejuro que no he de parar basta dar con la explicación de todo esto.
Aquella noche no durmió Perico; más de dos horas pasó hablando con el Cura, que estabadespierto cuando llegó a su casa y que se admiró de verle volver tan temprano y nada alegre.
A la mañana siguiente se presentó de nuevo al Alcalde.
--Señor Alcalde, le dijo, aquí estoy a cumplir lo ofrecido. Vengo para ir a llevar losmúsicos.
--Perico: mucho siento lo de anoche, no fue culpa mía; pero que quieres, lascircunstancias...
--Usted, señor Alcalde, hizo lo que creyó bien hecho, yo haré lo que debo y nada más.
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Quince años después de lo que acabo de referir llegó también el día de la fiesta y paraconvidar a ella se repartían esquelas redactadas así: Don Pedro González, Síndico Municipalde... comisionado por ésta y los demás vecinos contribuyentes, tiene el honor de invitar a ustedpar la fiesta que en obsequio del Patrón celebrara dicho pueblo en los días de... de loscorrientes; esperando se sirva usted concurrir para mayor lucimiento.»
Don Pedro González, Síndico de la municipalidad y vecino influyente, no era otro quePerico Paciencia. Nada se hacía en el pueblo sin contar con su voto, y el antiguo Alcalde seenvanecía de tenerle por yerno; pues hay que saber que aquella misma hija suya que noquería bailar con Perico llegó después a quererle de veras, de modo que cinco años mástarde era su esposa.
¿Qué había hecho Perico para que de tal manera variase de opinión?
Perico hizo lo que cualquier hombre honrado y laborioso puede hacer, y llegó a donde nopodía menos de llegar.
Al salir del baile donde no lo admitieron, por no creerle bastante digno, fueinmediatamente a contarle todo al sacerdote, su segundo padre. Este fue poco a pococalmándole y cuando l hubo logrado, le dijo en resumen:
[p. 139]--Hijo mío: tan pobre como tú, no dude en recogerte cuando murieron tus padres; seis añostenias entonces; yo no era joven y hoy he llegado a ser viejo. Pensé, lo primero, en hacertehonrado y laborioso, y, gracias a Dios, lo he conseguido; todos te estiman porque tienes ambascualidades, pero mi pobreza no me permitía gastar en buenas ropas y calzado para ti lo queotros más infelices necesitaban para no morirse de hambre, tu corazón era y es hermoso, turopa fe y remendada, hasta que hace poco has podido comprar otra mejor con el producto detu trabajo. Aspiras a alternar con las principales personas del pueblo y nada más justo; partu bondad lo mereces, si bastara ella sola para lograrlo y por tu origen ninguno hay que teaventaje; solo falta el que no lo solicites, sino que aguardes a que tus méritos te allanen elcamino y que te busquen los mismos que hoy te rechazan.
«Nada de odios, nada de chismes; refrena hasta tu bondad; si algo puedes dar, dalo condiscemimiento, y no dejes que la vanidad te lleve, sin que tu mismo lo conozcas, a serdespilfarrador cuando piensas ser generoso. Trabaja mucho y sin cesar y yo te aseguro queserás de los primeros, aquí donde hoy eres de los últimos. Cuando tengas una casa en la quereine la abundancia, no te faltaran amigos y querrá entrar en ella siendo tu esposa la mejory más bella de las jóvenes que hoy no te miran siquiera. Animo, pues y en lugar de lamentartecomo un niño, pórtate como un hombre.»
Perico, como he dicho, no durmió aquella noche pensando en las palabras del señor Cura.Al día siguiente había tomado su partido. Cuando volvió al pueblo después de llevar losmúsicos a nadie habló de lo ocurrido en el baile, si se lo recordaban no se daba por entendido.No faltó alguno de esos enredadores, que por desgracia hay, que le aconsejó que se quejara alCapitán General Gobernador Civil, delatando ciertos pecadillos verdaderos o falsos que seatribuían al Alcalde; Perico contestó que el oficio de delator no le hacia maldita la gracia y queno quería servir de instrumento a nadie; y que lo que quería era trabajar y nada más quetrabajar. En una palabra, se condujo tan bien que los vecinos empezaron a confesar que eraun excelente chico, y como su tema era siempre el trabajo, acabaron por ayudarle y protegerle,de suerte que la pequeña tienda, que debiendo cuanto en ella había, estableció al principio, Seconvirtió pocos años después en la mejor del pueblo, sin que a nadie debiera un centavo.
[p. 140]Allí se reunía lo más escogido en los días festivos, la niña que tanto había hecho penar alpobre Perico, iba a hacer sus compras y echaba al dueño unas miradas y le sonreía de un modoque al recordarlo equivocó más de una cuenta.
Al primer baile que concurrió, lejos de ser rechazado, todos querían obsequiarle, y más deuna mamá pensó que era joven, bien parecido y que tenía con que sostener los gastos de unafamilia. Perico nada advirtió, porque estaba deslumbrado y sólo veía a Angelina, su antiguotormento; dirigióse a ella y esta vez conoció que se alegraba al bailar con él...lo demás sesuprime para no cansar al benévolo doctor. Unos meses después se casaron y cuento concluido.
Tal es la historia de Perico Paciencia, que nunca he olvidado y que creo representa al vivola de nuestra Isla. Pobre y desvalida era al comenzar el siglo presente y Dios sabe lo que de ellahubiera sido sin el buen natural de sus habitantes y los socorros que recibió. Como Perico tuvoquien le ayudara, pero también el protector empobreció y no pudo hacer más que conservarlela vida y, hacerla honrada; el vestido era viejo y remendado, zapatos no pudo hasta más tardecomprarlos. ¡Pobre sacerdote que no podría dar aquello de que el mismo carecía!
Pasaron años: Perico creció, robusto y bonachón hasta más no poder y creyó que podíaasistir al baile; para ello se necesitaba algo más que ser bueno y no fue admitido. Tal fue lasituación de la Isla en el año 1837,117 cuando se le negó la representación en Cortes. Entonceshicimos como Perico, siguiendo lo que nuestra buena índole, más que nuestra escasainstrucción, nos aconsejó. Parece que un santo repitió a nuestros oídos: «Nada de odios, nadade chismes. Trabaja y cuando tus méritos te hagan acreedor nadie te negará lo que hoy nopuedes conseguir el que te otorguen.» Siempre que alguno nos daba un mal consejocerrábamos los oídos y nunca reñimos con quien no debíamos reñir.
Este comportamiento hizo que se empezase por reconocer que éramos buenos chicos;después no faltó quien dijese que era preciso ayudarnos y hace años que una parte de la prensaaboga en nuestro favor. Hoy el clamor es casi unánime y los que dirigen el baile tratan sobresi se nos enviara una esquela de convite; de [p. 141] modo que debe esperarse que al fin... Perico secasará con la hija del Alcalde.
¡Cuidado, señor novio! ¡Cuidado! Tenga usted juicio; si no, aunque pueda usted mantenerla mujer, aunque su ropa sea a la última moda, aunque baile usted a las mil maravillas y pormás que lo conviden, no hará otra cosa que llevar a cuestas el contrabajo.
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