Cruz, Juana Inés de la / Loa para el auto sacramental de "El Divino Narciso" (1955)
ESCENA III
RELIGIÓN
¡Ríndete, altivo Occidente!
OCCIDENTE
Ya es preciso que me rinda
tu valor, no tu razón.
tu valor, no tu razón.
CELO
¡Muere, América atrevida!
RELIGIÓN
¡Espera, no le des muerte,
que la necesito viva!
que la necesito viva!
CELO
Pues ¿cómo tú la defiendes,
cuando eres tú la ofendida?
cuando eres tú la ofendida?
RELIGIÓN
Sí, porque haberla vencido
le tocó a tu valentía,
pero a mi piedad le toca
el conservarle la vida:
porque vencerla por fuerza
te tocó; mas el rendirla
con razón, me toca a mí,
con suavidad persuasiva.
le tocó a tu valentía,
pero a mi piedad le toca
el conservarle la vida:
porque vencerla por fuerza
te tocó; mas el rendirla
con razón, me toca a mí,
con suavidad persuasiva.
CELO
Si has visto ya la protervia
con que tu culto abominan
ciegos, ¿no es mejor que todos
mueran?
con que tu culto abominan
ciegos, ¿no es mejor que todos
mueran?
RELIGIÓN
Cese tu justicia,
Celo; no les des la muerte:
[p. 12] que no quiere mi benigna
condición, que mueran, sino
que se conviertan y vivan.
Celo; no les des la muerte:
[p. 12] que no quiere mi benigna
condición, que mueran, sino
que se conviertan y vivan.
AMÉRICA
Si el pedir que yo no muera,
y el mostrarte compasiva,
es porque esperas de mí
que me vencerás, altiva,
como antes con corporales,
después con intelectivas
armas, estás engañada;
pues aunque lloro cautiva
mi libertad, ¡mi albedrío
con libertad más crecida
adorará mis Deidades!
y el mostrarte compasiva,
es porque esperas de mí
que me vencerás, altiva,
como antes con corporales,
después con intelectivas
armas, estás engañada;
pues aunque lloro cautiva
mi libertad, ¡mi albedrío
con libertad más crecida
adorará mis Deidades!
OCCIDENTE
Yo ya dije que me obliga
a rendirme a ti la fuerza;
y en esto, claro se explica
que no hay fuerza ni violencia
que a la voluntad impida
sus libres operaciones;
y así, aunque cautivo gima,
¡no me podrás impedir
que acá, en mi corazón, diga
que venero al gran Dios de las Semillas!
a rendirme a ti la fuerza;
y en esto, claro se explica
que no hay fuerza ni violencia
que a la voluntad impida
sus libres operaciones;
y así, aunque cautivo gima,
¡no me podrás impedir
que acá, en mi corazón, diga
que venero al gran Dios de las Semillas!
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